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Si vivimos en un piso de alquiler y se funde una bombilla, ¿tenemos que cambiarla nosotros o podemos llamar al casero para que se encargue él? La respuesta la podemos encontrar en la Ley de Arrendamientos Urbanos. Aunque el propietario está obligado a realizar «todas las reparaciones que sean necesarias para conservar la vivienda en las condiciones de habitabilidad», los arreglos propios del día a día, como cambiar una bombilla fundida, corren a cargo del inquilino.
En Fotocasa analizamos quién debe hacerse cargo de las reparaciones en un piso de alquiler, cuáles corren a cargo del casero y cuáles debe pagar el inquilino.
¿Qué dice la Ley de Arrendamientos Urbanos?
La regla general es que el arrendador asume las reparaciones necesarias para conservar la vivienda y para que el inquilino pueda usarla, mientras que el arrendatario se hace cargo de las pequeñas reparaciones derivadas del desgaste por el uso ordinario. Una bombilla fundida suele encajar en esta última categoría e incluirse dentro de los gastos de alquilar una casa.
«Las pequeñas reparaciones que exija el desgaste por el uso ordinario de la vivienda serán de cargo del arrendatario», señala el artículo 21.4 de la Ley de Arrendamientos Urbanos.
El mantenimiento diario de un piso de alquiler corre a cargo del inquilino. Cambiar una bombilla, arreglar un pomo o reponer un mando a distancia perdido son gastos que debería sufragar el ocupante de la vivienda y no el casero, ya que son fruto del uso ordinario del piso de alquiler.
¿Cuánto cuesta cambiar una bombilla?
Las bombillas actuales suelen durar mucho. Una con tecnología LED puede durar hasta 50.000 horas, según Endesa. Las bombillas de bajo consumo pueden durar unas 15.000 horas y las halógenas pueden durar hasta 3.000 horas antes de fundirse.







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