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Respetar las cláusulas pactadas en el contrato y seguir unas reglas básicas de convivencia con los vecinos resulta imprescindible para que arrendatario y arrendador disfruten sin problemas del alquiler. De hecho, seguir esas normas puede incluso ayudar a conseguir una rebaja en el precio de la renta, pero… ¿Qué hace exactamente un buen inquilino para serlo?

Cómo ser un buen inquilino

Ventajas de ser un buen inquilino

Si necesitamos un incentivo para convertirnos en el inquilino ideal, sus numerosas ventajas pueden darnos la motivación necesaria para cambiar:

  • Contar con la confianza del casero es clave ante cualquier imprevisto, pues su respuesta será muy diferente: si un electrodoméstico se estropea o nos retrasamos en la renta un mes y el propietario es consciente de que somos, por lo general, dialogantes y transparentes, entonces todo quedará en un toque de atención o un compromiso. Por el contrario, si ha recibido quejas por ser un inquilino ruidoso o que olvida pagar a tiempo, entonces se mostrará susceptible y tomará medidas más duras.
  • Si deseamos prolongar nuestro alquiler y el propietario nos considera responsables, es posible que quiera firmar un nuevo contrato de alquiler incluso manteniendo un precio más bajo que lo que podría  obtener con otro inquilino. Al fin y al cabo, un nuevo inquilino implica arriesgarse (morosidad, vandalismo, desacuerdos)
  • A la hora de realizar obras en casa, para lo cual necesitas la aprobación por escrito del propietario, este estará más dispuesto a acceder. También se puede negociar una reducción de la mensualidad a raíz de la inversión en el piso.
  • Si el inquilino se comporta, el propietario puede relajarse y no estar tan pendiente. Esto se traduce en una relación mucho más agradable y permite que el inquilino se sienta realmente en casa.
  • Si nuestro contrato era de larga duración, a su fin se podría renegociar la renta. Cuando un inquilino cuida de la casa y no da problemas, es preferible mantenerlo.

 

¿Cómo sobrevivir al contrato de alquiler sin incidentes? Consejos para el arrendatario

Siempre puede sobrevenir una situación inesperada para la cual no estamos preparados. Por ello, es importante mantener un buen perfil para granjearse la confianza del propietario y estar en buenos términos cuando suceda un imprevisto. Por supuesto, no todas las personas actúan de la misma manera y no siempre es sencillo ganarse esa confianza, por bien que lo hagamos. Estos son los consejos, en forma de checklist, que debemos considerar para ser buenos inquilinos y disfrutar de sus ventajas:

Pagar la renta cuando se debe y no retrasarse nunca con el pago

El inquilino debe pagar en los plazos estipulados la mensualidad acordada. De no ser así, pasado el mes de impago, el arrendatario se arriesga a una sentencia de desahucio.

Negociar el precio del alquiler en los momentos clave y no todo el tiempo

La renta solo puede actualizarse de manera anual, en los términos pactados por ambas partes. Además, negociar la renta de alquiler tiene su complejidad, pues es importante conocer las motivaciones del arrendador. Por ejemplo, si la seguridad de su propiedad le preocupa, contar con un certificado de idoneidad es un punto a nuestro favor. Por ello, deberíamos pensar nuestros argumentos para exponerlos ordenadamente en una negociación y no insistir sin argumentación.

Cuidar la vivienda como si fuese propia

De no ser así, se podría perder la parte o totalidad de la fianza, dependiendo a lo que asciendan los daños. Además, si el casero realiza una visita (con la aprobación del inquilino, de otra manera se considera allanamiento de morada), le puede sentar mal comprobar que el piso está sucio y mal cuidado. En este caso, no nos considerará buenos inquilinos y se planteará cambiar tan pronto como pueda.

No abusar de los suministros

En ocasiones se acuerda que el propietario sea el que pague la luz, gas y agua. Abusar de este hecho consumiendo de forma irresponsable es motivo de conflicto. Aunque no pagues el agua, no deberías darte un baño a diario. Tampoco se deben dejar todas las luces encendidas, más allá del coste hay que pensar también en el medioambiente.

Realizar mejoras siempre con el consentimiento del propietario

Estas, además, pueden suponer una rebaja en el precio del alquiler siempre y cuando se hayan pactado con anterioridad con el propietario (las obras nunca pueden afectar a la estabilidad o la seguridad de la vivienda).

Respetar las normas de convivencia con los vecinos

El artículo 27.2 de la Ley de Arrendamientos Urbanos contempla la realización de actividades molestas como una de las causas de resolución del contrato, por lo que, agotada la vía de diálogo con los inquilinos, el propietario puede dar por finiquitado el contrato de arrendamiento.

Reparar los desperfectos causados por los malos usos

Siempre que los desperfectos se deban a un mal uso, los gastos corren a cargo del inquilino. Si se determina que los daños o averías se deben a la antigüedad del objeto o aparato, la reparación o su sustitución le correspondería al arrendador.

Cumplir con los tiempos estipulados en el contrato de alquiler

Aunque el inquilino puede anular el contrato a partir de los seis meses siempre y cuando avise al arrendador con una antelación mínima de 30 días, si se indica en el contrato, si el inquilino se va antes de finalizar el contrato, el propietario puede reclamar la cantidad equivalente a una mensualidad de la renta por cada año que falte por cumplir.

Dejar la vivienda tal y como estaba antes de finalizar el contrato de alquiler

El propietario puede reclamar la parte proporcional de la fianza si el arrendatario ha realizado daños en el inmueble, no por el uso normal del mismo si no por un mal uso imputable al inquilino. Incluso obras más minias como pintar las paredes deben ser revertidas, a menos que se acuerde lo contrario.

Pagar los suministros y otros gastos cuando le corresponden

Los gastos de agua, luz y gas, entre otros, correrán a cargo del inquilino siempre y cuando el contrato no indique que es el propietario el que pagará estos recibos. Pagar con puntualidad es vital para que el propietario no reciba avisos.

Mantener buena relación con el casero

Y el casero con el inquilino, por supuesto. Y es que, como dice el refrán, «dos no discuten si uno no quiere». Si cada uno pone de su parte, seguro que el alquiler resulta mucho más beneficioso para todos. Hoy en día resulta muy fácil mantenerse en contacto, por lo que ponerse al día no nos costará nada más que un mensaje de texto.