Solicitar un préstamo hipotecario también requiere del cumplimiento de algunos requisitos como garantía de cobro. En algunos casos las entidades bancarias exigen un aval para asegurarse el pago de la cuota.

Ser avalista de otra persona conlleva algunos riesgos, por lo que es importante conocer qué es el aval hipotecario y cuáles serán nuestras responsabilidades y obligaciones.

¿Cómo funciona el aval hipotecario?

La figura del avalista hipotecario responderá con sus bienes cuando el titular del préstamo no pueda pagar. Una vez analizada la situación de insolvencia, el avalista deberá abonar todas las cuotas pendientes y futuras hasta que el prestatario pueda hacerse cargo de nuevo de sus pagos mensuales o finalice el contrato hipotecario.

Cabe destacar que no siempre es obligatorio contar con un aval. Esto dependerá de la entidad bancaria y las condiciones del solicitante. Un banco puede denegar la solicitud si por ejemplo la persona no puede demostrar que tiene ingresos regulares o la cuota mensual supera el 30-40% de sus ingresos. Sin embargo, si se cuenta con un avalista, es posible negociar y llegar a un acuerdo favorable.

¿Quién puede avalar una hipoteca?

El principal requisito para convertirse en avalista hipotecario es tener solvencia económica e ingresos estables para pagar el préstamo cuando sea necesario. Además, este debe demostrar que tiene un nivel patrimonial suficiente que sirva de garantía a la entidad financiera y un buen historial crediticio.

En función de la entidad financiera, el aval puede ser durante toda la vida de la hipoteca o bien temporal. Todo depende de las circunstancias, la solvencia y los intereses de cada cliente. En este sentido, por ejemplo, cuando el aval no avala con su capital, sino con una garantía real, puede limitarse la deuda a una parte.

En cualquier caso, es sumamente importante que la persona conozca en detalle todas las cláusulas y condiciones del préstamo.

¿Es posible quitar al avalista de la hipoteca?

Ya sea por cuestiones personales o económicas, es posible que queramos quitar a una persona como nuestro aval hipotecario. Existen varias opciones que nos permiten llevar a cabo esta gestión:

  • Comunicar al banco la decisión de desligar a esta persona y proponer una nueva forma de garantía. La mejor opción es hacer un cambio de avalista y así poder mantener las condiciones del contrato inicial.
  • La subrogación de la hipoteca permite establecer nuevas condiciones, modificar los titulares de la misma, mejorar los intereses y hasta añadir o quitar avalistas.
  • Declarar nulo el aval. Aunque esta alternativa es un poco más complicada, es posible llevarla a cabo si en la redacción del contrato hay un perjuicio hacia el avalista o si se incluyen cláusulas abusivas.

La figura de un avalista es una figura débil dentro de una operación de financiación, por lo tanto, si se decide ser avalista de un préstamo hay que analizar en detalle la solvencia económica de la persona que se va a avalar. En caso de necesitar un avalista para el préstamo, hay que asegurarse de que sea una persona de confianza y que pueda afrontar la mensualidad.