El suelo para construir viviendas ha pasado por diferentes momentos. Muchas ganancias se han conseguido ante un pedazo de tierra bien ubicada, pero cuando llegó la crisis se convirtió en el apestado del sector inmobiliario. Su valor era casi cero. Nadie quería adquirirlo porque nadie podía promover.
Estamos en un momento de cambio y, en lo que llevamos de año, el suelo se ha convertido en nuevo objeto de deseo y ha dejado de ser un activo tóxico. Eso sí, la ubicación es fundamental.
En Madrid, por ejemplo, el número de transacciones de suelo ha alcanzado velocidad de crucero y en algunas zonas comienza a escasear. Fondos y promotores se lanzan a la compra de suelos listos para construir. El objetivo es que sea suelo finalista y se pueda empezar a construir en pocos meses.
Un mercado en el que las cooperativas también están muy activas participando en la compra de terrenos, sobre todo públicos, que salen a subasta. Y es que se están convirtiendo en una buena opción para tener una vivienda libre a precio razonable.
Pero el apetito inversor es tal que, según datos del Ministerio de Fomento, el precio del suelo se ha disparado casi un 40% en un año. Este repunte viene impulsado por el importante encarecimiento registrado en las grandes ciudades.
Los precios medios más elevados están en las provincias de Madrid, Barcelona y Baleares. Esto se explica porque hay más interés en desarrollar suelos, tanto para usos terciarios como para residenciales, sobre todo en las zonas céntricas de las grandes ciudades y en la periferia, en ubicaciones de clase alta.
Hay zonas de Madrid, como Valdebebas, que tienen unos precios de suelo que ascienden hasta 1.200 euros por metro cuadrado edificable de vivienda libre y cerca de 800 euros en el caso de vivienda protegida. A esto debemos añadir el coste de construcción, licencias, tasas, impuestos y margen del promotor para componer el precio final que paga el consumidor.
En otros desarrollos del norte de Madrid la carestía de suelo también es importante. Prueba de ello es Montecarmelo, donde se ha producido una operación de envergadura al lado del colegio Alemán, ante la falta de espacio para construir. Es más, se está comprando suelo con expectativas de revalorización futura, con el riesgo que eso conlleva.
Pero, pese a esta tensión, los expertos consideran que no hay riesgo de burbuja, sino que ahora existe una presión compradora más fuerte y los precios venían de muy abajo. De hecho, durante la crisis, el precio del suelo urbano se ha reducido drásticamente y ahora es apenas la mitad de lo que fue en el pico del boom. No obstante, advierten de la necesidad de ir generando suelo finalista porque, si la demanda se anima, puede faltar en la mejores zonas y el problema se llama futuro.





