El interés por las fincas rústicas ha ganado fuerza en los últimos años, en especial, tras la oportunidad al teletrabajo que se abrió con la pandemia. Para muchos compradores, el campo se ha convertido en el lugar donde encontrar algo cada vez más escaso en la ciudad: silencio, naturaleza y tiempo para desconectar. En este contexto, las fincas de recreo -pensadas como segunda residencia- se han consolidado como una opción muy buscada por quienes quieren un refugio para escapadas de fin de semana o vacaciones.
Pero comprar una finca rústica implica mucho más que elegir un paisaje bonito. El presupuesto, la distancia desde la vivienda habitual, el uso que se le quiere dar o el grado de implicación en el proyecto son factores clave a la hora de tomar la decisión. Desde propiedades listas para disfrutar hasta terrenos donde empezar un proyecto desde cero, las opciones son muy diversas.
Para entender mejor qué buscan hoy los compradores y cómo está evolucionando este mercado, en Fotocasa hablamos con Helena de Gregorio Basagoiti, socia directora de Rústicas La Trocha, que analiza el perfil del comprador actual, las zonas con más interés y las claves para acertar al comprar una finca rústica.
Pregunta: ¿Qué es lo más común que buscan los compradores de fincas rústicas?
Respuesta: Los compradores que están en plena búsqueda de fincas rústicas buscan fundamentalmente fincas de recreo. El objetivo es tener un emplazamiento en un entorno muy bonito, idílico, donde poder desconectar del ritmo acelerado del día a día y donde puedan reunirse con familia y grupo de amigos. Se trata de tener una segunda residencia donde sea fácil escaparse, y donde el tiempo discurra entre descanso, actividades de deporte (paseos, rutas a caballo, algo de actividad cinegética), charlas y tertulias frente a un buen puchero y para los que se atreven con más, cuidar el huerto y por qué no, el gallinero.
P: ¿Qué se debe revisar y tener en cuenta antes de elegir una u otra?
R: Cosas muy básicas como el presupuesto global del proyecto acabado. Hay que ser realista y contrastar en qué rango de precio se puede mover cada uno, porque lo bueno y bonito gusta a todo el mundo, pero no está al alcance de todos los bolsillos.















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