Convive con una persona de 91 años: “considero que la convivencia es muy sana”

Mónica es una estudiante de máster de 57 años que vive con Regina, de 91, a través del Programa Convive. Hoy nos habla de su experiencia y de si la recomienda.

Agustina Battioli
Agustina Battioli Experta en el sector inmobiliario

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Mónica llegó a Madrid desde México para estudiar un máster en la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, el tema del hospedaje (en residencias universitarias, pisos compartidos, etc.) le preocupaba y estuvo viendo diferentes opciones hasta que dio con el Programa Convive, que pone en contacto a personas de diferentes generaciones para encontrar soluciones de convivencia que sean adecuadas para ambas personas. Así empezó a convivir con Regina, de 91 años. Sigue leyendo y descubre cómo ha sido su experiencia al compartir su día a día con una persona de una generación diferente a la suya. 

¿Cómo conociste el Programa Convive?

Yo soy mexicana y de profesión soy pedagoga. Y lo que siempre había querido era estudiar en algún lugar fuera de México. España es, en lo referente a la educación, pionera en muchos ámbitos y eso me gusta. Hablando en una entrevista con una ejecutiva de una universidad que me vendía el máster, ella me dijo que existía la posibilidad de este tipo de programas como forma para apoyar el hospedaje de los universitarios y no fuera solo el alquiler para estudiantes. Después de eso, tuve que investigar un poco más en diferentes links hasta que lo encontré. 

¿Te habías planteado antes convivir con una persona de otra generación?

No. En realidad la idea que yo tenía era alquilar una habitación en Madrid. Pero cuando empecé a investigar y me di cuenta que convivir con una persona de otra generación era una posibilidad, empecé a verlo como algo factible.

Cuando empecé a investigar y me di cuenta que convivir con una persona de otra generación era una posibilidad, empecé a verlo como algo factible.

La persona con la que convives a través de este programa, ¿es de una generación muy distinta a la tuya?

Ella tiene 91 años y yo tengo 57. Es distinta la generación porque ella es un poco mayor que mi madre. Y sí es cierto que tenemos muchos conceptos diferentes, pero somos muy similares en forma de pensar en cuanto a valores, el significado que tiene la vida, los hijos…

¿Cómo fueron los primeros contactos antes de compartir piso? 

Antes de compartir piso tuvimos una entrevista en la que nos conocimos. Ambas dimos nuestro punto de vista respecto al programa y la importancia que tenía sobre todo para mí el tener un lugar donde poder vivir de una forma más económica. Para ella, lo importante era el acompañamiento y no tener problemas de convivencia.

A mí me cayó muy bien desde el principio, me gustó mucho su coherencia. Tiene poca movilidad porque tiene problemas en las piernas, pero es una mujer muy muy inteligente, ve mejor que yo y tiene un sentido del humor muy peculiar. Así que yo siento que desde el primer día nos caímos bien y pudimos formalizar la convivencia juntas con algunas normas básicas para compartir vivienda

¿Crees que vivir con una persona de una generación diferente tiene ventajas? 

Sí, tiene muchas ventajas. Puedes aprender mucho de sus experiencias, en mi caso también de su cultura. Y tiene otras ventajas, porque en esta casa existe mucha paz, mucha tranquilidad y mucho respeto a lo que haces, y eso te inspira a hacer exactamente lo mismo y me agrada.

Una de las ventajas de vivir con un adulto mayor es que puedes aprender mucho de sus experiencias. Además, en esta casa existe mucha paz, mucha tranquilidad.

¿Crees que es una buena opción para los estudiantes?

Definitivamente sí. Aquí en Madrid los costos de las habitaciones son altos para los extranjeros o por lo menos para mí, que vengo de un país en el que no es tan fácil tener las cantidades que se requieren para poder pagar una habitación en Madrid más la alimentación y demás. Por lo que considero que sí es una opción para los estudiantes.

Además, tienes tu espacio tranquilo para estudiar, un espacio donde no hay ruido, lo que necesitamos los estudiantes. Y qué mejor que en una casa de un adulto mayor que sabe lo que es estudiar y que respeta tu tiempo y tu espacio.

¿Compartes hobbies o momentos de ocio con la persona con la que convives? ¿Tenéis buena relación? 

Sí. Hemos establecido los domingos para ir a misa juntas y es muy bonito ese espacio. Ella tiene poca movilidad (por lo que se hace necesaria una casa accesible) y la apoyo para vestirse, ponerse sus zapatos e irnos juntas a misa. Muy despacio, con su andador, pero es un momento de convivencia mutuo. Luego regresamos, hacemos juntas la comida y por las tardes nos ponemos a jugar juegos de mesa. 

A veces viene su hija o su hermana, que es la que más la visita, pero normalmente el domingo lo pasamos juntas. Hemos salido a tomar una cervecita también alguna vez. El resto de días es cierto que yo me voy a la universidad. Sin embargo, todos los días comemos juntas y, cuando podemos, también desayunamos e incluso cenamos juntas. Así hablamos de lo que hicimos en el día o cómo nos fue, así que considero que la convivencia es muy sana.

¿Recomendarías a más personas la convivencia con personas mayores? 

Definitivamente sí. Creo que tenemos mucho que aprender y yo siento que es tan importante lo que los adultos mayores nos pueden dar como lo que nosotros podemos brindar . Además, el estar dispuesto a convivir con una persona de otra generación es una forma de aprendizaje de la vida. Vivir en una vivienda para una persona mayor es como asomarte a una ventana y ver la vida desde otro punto de vista, como la posibilidad de asomarte a esa ventana y ver otras realidades.

Convivir con una persona de otra generación es como asomarte a una ventana y ver la vida desde otro punto de vista.

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de toda la experiencia?

Lo mejor de todo es que me siento en casa, me siento acogida, que de alguna manera siento el cariño de Regina. Me he enfermado y ella hasta me ha comprado miel, me ha hecho tés, se preocupa porque coma bien…A mí esa forma de demostrar su cariño me llena mucho y eso es lo mejor, el sentirme en casa aunque esté muy lejos. Es un lugar de acogida con amor. 

Y lo peor que me ha pasado es que ella se ha caído dos veces cuando yo he estado en la universidad (de ahí la necesidad de adaptar la vivienda para personas mayores). La primera vez me preocupé muchísimo, y la segunda incluso tuvo que ir al hospital. Eso fue lo peor, me angustió mucho la impotencia de haber estado fuera y ha sido lo peor que me ha pasado en esta experiencia. Pero por lo demás muy bien. 

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