8 febrero 2019

Afrontamos la última fase, y también la más fría, del invierno. Son muchas las horas que pasamos dentro de nuestro hogar, precisamente, para combatir las bajas temperaturas del exterior. Pero, ¿hemos preparado nuestra vivienda para que sea más confortable al frío? Nunca es tarde para crear un ambiente cálido y eficiente energéticamente, pese a que consideremos que el invierno ya está llegando a su fin, ya que también nos será de gran utilidad, para afrontar los meses más cálidos del año.

Es importante conocer qué medidas nos pueden ser de gran utilidad, para mejorar la temperatura interior de nuestra vivienda, tanto en invierno como en verano. Una solución que no sólo nos permitirá ahorrar en hasta un 40% en la factura de la luz, sino que, sobre todo, lograremos crear un hogar sostenible. Un doble beneficio que repercute positivamente en nuestra salud, a la vez que se crea un auténtico ambiente de confort.

Una de las claves para no pasar frío (ni calor) es disponer de un buen aislamiento. No sólo en el revestimiento de la fachada del edificio, sino sobre todo, en puertas y ventanas mediante la elección de unos buenos cerramientos que impidan que el frío se cuele por alguna rendija. También es importante detectar y evitar corrientes de aire, así como usar persianas y cortinas en las horas de menor luz, para conseguir que la temperatura interior se mantenga, sin necesidad de tener que encender la calefacción.

Un buen hábito es cerrar las habitaciones de la vivienda mientras no están en uso. Gracias a este simple gesto se consigue perpetuar el calor interior. Aunque también es importante favorecer la iluminación natural y conseguir una atmósfera cálida. Para ello, se apuesta por espacios diáfanos que permitan aprovechar los momentos de mayor luz, momento en que es importante abrir persianas y cortinas, ya que además de ganar en luminosidad, también se favorece el calor interior.

 

Materiales naturales

Cada vez somos más conscientes de las graves consecuencias que tienen nuestros actos sobre el planeta. Y este firme propósito de reducir los drásticos efectos sobre el medio ambiente, ha recalado en el sector de la construcción e interiorismo. Una de las máximas es crear viviendas eficientes energéticamente, para reducir el uso de energía y así disminuir la emisión de gases contaminantes.

Pero también se apuesta por materiales naturales como la madera, tanto en suelos como en mobiliario, que, además de ser más duraderos, también garantizan su reciclaje cuando culmina su vida útil. Es importante apostar por materiales que impliquen un bajo consumo en su uso y también tengan menos efectos nocivos en nuestra salud como los que proceden de procesos químicos. Éste es el caso de las pinturas biodegradables que ofrecen las mismas prestaciones que las de procedencia industrial, ya que son de origen vegetal y presentan una amplia paleta y variedad cromática.

En el sector de la construcción, cada vez se limita más el uso de materiales que tienen un gran impacto medioambiental como residuo, y se apuesta por productos que proceden de la naturaleza como grava o arena para la elaboración, por ejemplo, de cemento. Los plásticos y los aceros se limitan su uso o se buscan alternativas más ecológicas. Una premisa que también se da en la sustitución de las cañerías de plomo y/o cobre, por las sustancias tóxicas que emanan por su uso.

Conseguir un hogar eficiente no sólo es una férrea lucha gubernamental, sino que debe ser una máxima particular, ya que nos ofrece un triple beneficio: mejora nuestro estado de salud, se reducen los gastos en la economía familiar y permite crear un entorno de confort único y personalizado.

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