Lo mismo ocurrió en la Comunidad Autónoma de Madrid. Durante los seis primeros meses de 2020, 22.753 personas decidieron mudarse a otras regiones. Casi 10.000 personas menos que en 2019, y una cifra muy inferior a las 28.486 que se fueron de Madrid en 2018.
Con los datos de la mano, podemos decir que en el primer semestre de 2020 hubo menos movimientos interautonómicos que el año anterior (un 32,3% menos a nivel nacional). Cuando haya registros disponibles, será interesante ver qué sucedió en de la segunda mitad del año, tradicionalmente mucho más movida.
De momento, estas estadísticas no acompañan a la percepción que tenemos sobre lo que está ocurriendo. Una percepción basada en lo que sucede a nuestro alrededor. ¿Quién no tiene a un amigo, a una conocida o a un familiar que ha cambiado el ajetreo prepandemia de la ciudad por la calma rural? Incluso los números oficiosos van en esa dirección. Según Fotocasa, ha aumentado el interés por los inmuebles en zonas rurales bien comunicadas con grandes ciudades.
Una casa autosuficiente frente al cambio climático
Razones para cambiar hay muchas. Porque el coronavirus, más que una causa en sí misma, ha sido sobre todo el acicate para reforzar una intención que ya existía. Es el caso del consultor de eficiencia energética Gabriel Machancoses, a quien el virus asaltó mientras buscaba una casa con vistas a ser autosuficiente.
“Todo empezó en 2018 con el informe de la ONU del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), que dice que tenemos 12 años para que el cambio climático no sea irreversible”, recuerda. “Es un plan B, por si los científicos tienen razón que no me pille desprevenido, que tenga un terreno que me permita ser autosuficiente”.
Hoy Machancoses tiene una casa en un valle de La Rioja, pero no habla desde allí, sino desde Ibiza, su lugar de residencia anterior. Un problema con la estructura de su casa del pueblo le ha obligado a retrasar su traslado definitivo. El plan, en cualquier caso, sigue en pie.
Desde el principio Machancoses tuvo claro lo que buscaba: una casa de entre 5.000 y 10.000 m². “Me costó muchísimo encontrar algo que superase los 5.000 m², al menos en el norte de España”. Tras más de un año mirando ofertas, la encontró, si bien guardaba dos sorpresas desagradables.
La primera fue una población de termitas que había devorado varios pilares estructurales de madera. La segunda fue descubrir, al poco de adquirir el inmueble, que un vecino tenía a la venta una propiedad muy similar a la del consultor, pero por un tercio de lo que él había abonado. “Y eso que lo que yo pagué ya me parecía una ganga”.