“La clave está en distinguir entre las reformas que ayudan a vender mejor y aquellas que solo encarecen la operación sin aportar un retorno real”, explica Leonardo Cromstedt, presidente de Keller Williams España y Andorra. En su opinión, las viviendas reformadas atraen a un perfil de comprador que busca evitar obras, valora la inmediatez y está dispuesto a pagar una prima razonable por entrar a vivir. “Este tipo de inmueble se negocia menos y se vende antes, especialmente en mercados urbanos consolidados”, añade.
En su opinión, las reformas de bajo y medio coste, centradas en mejorar la percepción general del inmueble, son las que ofrecen mejores resultados. Actuaciones como pintar en tonos neutros, actualizar la iluminación, realizar pequeños ajustes en cocina y baño o reparar elementos visibles transmiten sensación de cuidado, modernidad y buen mantenimiento. En este tipo de intervenciones, el retorno estimado oscila entre el 70% y el 200%, con revalorizaciones que pueden alcanzar los 30.000 euros en una vivienda tipo de 80 metros cuadrados en Madrid.
En una reforma orientada a la venta, no suele resultar rentable priorizar materiales de alta gama o actuaciones excesivamente personalizadas. Elementos como suelos de mármol natural, encimeras de granito, griferías de diseño, electrodomésticos premium o redistribuciones complejas pueden elevar el coste de los materiales por encima del 40% del presupuesto total sin traducirse en un incremento proporcional del precio final. Tal como explica Cromstedt, “rara vez se trasladan al valor de cierre y, además, suelen alargar los plazos de comercialización”.
El comprador actual —especialmente el inversor en zonas con alta presencia de este perfil— valora soluciones funcionales, neutras y visualmente actualizadas que transmitan una rápida sensación de habitabilidad, pero no está dispuesto a asumir sobrecostes asociados a acabados de lujo o decisiones demasiado personales del propietario. De hecho, en muchos casos prefiere adquirir la vivienda sin grandes intervenciones para adaptarla a su propio proyecto, lo que reduce la rentabilidad de reformas sobredimensionadas y puede prolongar el tiempo en el mercado. Por ello, alternativas más equilibradas, como suelos laminados, vinílicos o cerámicas estándar, permiten maximizar el impacto estético con una inversión contenida y alineada con las expectativas del mercado inmobiliario actual.