Cómo se aplica el diseño emocional a la creación de viviendas

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¿Qué pensarías si te decimos que las viviendas tienen sentimientos? ¿Es eso posible? A continuación lo analizaremos, pero te avanzamos que muchos expertos aplican el diseño emocional a la hora de crear viviendas y que defienden fervientemente que, efectivamente, en una casa hay más de psicología y emociones que de arquitectura pura y dura.

Es lo que afirma, también, la neuroarquitectura, que aplica el diseño emocional a la creación de inmuebles para lograr que habitemos en casas holísticas, donde nuestros sentimientos y emociones tengan un papel fundamental. Si quieres saber en qué consiste exactamente la neuroarquitectura, cómo son los espacios multisensoriales, hasta qué punto nuestra casa influye en nuestro bienestar y si las viviendas tienen sentimientos, sigue leyendo.

¿Qué es la neuroarquitectura?

La neuroarquitectura consiste en la aplicación de la neurociencia (la ciencia que estudia el sistema nervioso y todo lo relacionado con éste) a la arquitectura. Es decir, se trata de una disciplina que estudia el estado emocional y cognitivo de las personas para conocer qué efecto tienen las distintas variables del diseño arquitectónico en su vida. 

Dicho de otro modo, estudia los estímulos que genera en nuestro cerebro la percepción del entorno y cómo se puede aplicar a la arquitectura para mejorar las emociones y el bienestar. Por lo tanto, mediante la neuroarquitectura se pretenden crear viviendas, edificios y espacios arquitectónicos en general, en función de las emociones y la forma de ser de las personas que van a habitar en ellos. Es lo que se conoce como “diseño emocional”.

La neuroarquitectura estudia los estímulos que genera en nuestro cerebro la percepción del entorno y cómo se puede aplicar a la arquitectura para mejorar las emociones y el bienestar

Para medir el impacto que una vivienda o el entorno tiene en las personas, la neuroarquitectura recurre a herramientas muy diversas, como el reconocimiento facial, las respuestas energéticas en la piel, o los electroencefalogramas, entre otros.

¿Por qué es tan importante aplicar el diseño emocional a la creación de viviendas?

Se estima que pasamos el 90% de nuestra vida en espacios cerrados o, lo que es lo mismo, más de 74 años de nuestra existencia. Si a ello le sumamos que en los últimos meses hemos estado en casa más que nunca, a raíz del confinamiento, la cifra aumenta todavía más.

La pandemia ha cambiado el mercado inmobiliario. De hecho, las cuarentenas a las que nos hemos tenido que someter por real decreto a raíz de la crisis sanitaria, nos han hecho ser más conscientes que nunca de la importancia que tiene el entorno en el que habitamos y de qué forma este repercute directamente en nuestra salud y nuestro estado de ánimo.

A pesar de que ya hace algunos años que se habla de la importancia de aplicar el diseño emocional en la construcción de edificios de obra nueva e inmuebles, este concepto se ha hecho más viral que nunca, dado el valor que ha cobrado la vivienda en los últimos meses.

Sin embargo, ¿qué hay que tener en cuenta para construir casas que respondan a la vez a las necesidades funcionales y emocionales de las personas que las habitan?

¿Cómo es una casa funcional que, a la vez, nos cuida y nos aporta bienestar?

Dado que todas las personas somos diferentes, únicas e irrepetibles, la casa perfecta, objetivamente hablando, no existe, dado que hay una casa para cada habitante del planeta. 

Sin embargo, los expertos en neuroarquitectura dan una serie de recomendaciones y características que todas las viviendas saludables y sanas deberían tener, para generar emociones positivas en las personas que habitan en ellas, mediante recursos como la integración del espacio en el entorno, la ventilación, la optimización de la luz natural, o el empleo de materiales naturales, entre otros.

La integración del espacio en el entorno, la ventilación, la optimización de la luz natural, o el empleo de materiales naturales son algunos de los pilares del diseño emocional

Y es que a pesar de que la mayoría de las variables con las que juegan los arquitectos, los interioristas y los diseñadores, como la geometría, los colores y la luz, no tienen un impacto emocional y cognitivo tan evidente como para que seamos conscientes de ello, sí que afectan negativamente y con el tiempo pueden tener consecuencias graves en nuestro estado de ánimo e, incluso, en nuestra salud.

Por lo tanto, cuando la arquitectura y el diseño se erigen sobre los aspectos con los que el cerebro se siente cómodo se desencadenan una serie de reacciones fisiológicas ligadas al bienestar.

Por lo tanto, a grandes rasgos, una vivienda sana debe:

  • Aprovechar la luz natural
  • Potenciar la diafanidad del espacio
  • Integrar los espacios exteriores en el interior
  • Recurrir al uso de materiales y textiles naturales, que evoquen la naturaleza
  • Estar limpia y ordenada
  • Ser un hogar sostenible y eficiente
  • Apostar por colores neutros
  • Oler a fragancias suaves y relajantes

Como apuntábamos, al igual que las personas, los objetos y, por ende, las viviendas también tienen vida; la vida y los sentimientos que despiertan en cada uno de nosotros. Por lo tanto, volviendo a la pregunta con la empezábamos este artículo: ¿las viviendas tienen sentimientos? Podemos afirmar que sí, los que despierten en cada uno de nosotros.

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