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El prestigioso paleontólogo José Luis Arsuaga comenta sabiamente en su libro La especie elegida, que las especies que perduran y dominan no son las más fuertes o las más grandes, sino aquellas que han sabido adaptarse mejor a los tiempos. Los sapiens, nosotros los humanos, somos una de esas especies que a lo largo de los miles de años ha sabido adaptarse al entorno, aprender de él y evolucionar.

Como reflejo colateral, los hábitats de los humanos son una de las claras evidencias de adaptación a los tiempos. Detectar las tendencias de evolución y anticiparse al futuro ha sido y es clave en el terreno de la arquitectura desde sus inicios.

Hoy, adaptarse a los nuevos tiempos significa entender los nuevos entornos, las nuevas necesidades sociales y las económicas. Para nosotros, como estudio de arquitectura al que le gusta autodefinirse como ecosistema de arquitectura, el estudio y análisis de estas 3 grandes variables es la base de toda creación. El mejor conocimiento de esas nuevas necesidades es lo que permite aplicar mejores soluciones en sostenibilidad, eficiencia y bienestar, marcando así tendencias más inteligentes. Y estas, son ni más ni menos, aquellas que se adaptarán mejor a los nuevos tiempos.

Los tiempos actuales, marcados por los efectos del cambio climático, la pandemia, los nuevos hábitos laborables, las nuevas estructuras convivenciales, la concentración y condensación de poblaciones, entre otras variables, permiten apuntar algunas directrices a tener en cuenta:

1. Más confort, más hogar

El hábitat doméstico ha adquirido mayor trascendencia como refugio, y al mismo tiempo como centro de trabajo con la implantación del teletrabajo. Digamos que, en los últimos tiempos, el consumo de horas hogar ha crecido exponencialmente y, a pesar de que probablemente disminuya en un futuro cercano, se ha potenciado la idea de “hogarizar” al máximo los espacios. Incluso, se ha trasladado a las oficinas, para cuando vuelvan a tener mayor actividad. Eso ha supuesto ya mucha reforma y promete aún más reformas. En este contexto, los temas relacionados con la orientación de los edificios y distribuciones de las viviendas, las optimizaciones de los flujos calor y frío para abordar mejor los cambios de temporada o las mejoras en prestaciones lumínicas, acústicas o ambientales son ya una prioridad.

2. Adaptabilidad y compartir

El dinamismo cortoplacista y la heterogeneidad en la que vivimos nos obligan, cada vez más, a buscar soluciones versátiles a nivel de espacios y a ofrecer más zonas comunes de servicio, ocio o funcionalidad. Por una parte, el concepto familia o unidad convivencial es cada vez más cambiante y exige facilidad de conversión. Y por otra, el elevado coste del m2 en zonas metropolitanas nos lleva a concepciones de vivienda más pequeñas que buscan complementarse con mayores servicios de comunidad (zonas verdes comunes, espacios coworking, gimnasios, etc.) o bien fomentan la atracción por viviendas más personales y equipadas en poblaciones colindantes. Por si fuera poco, la potencial reconversión de espacios comerciales o de oficinas ociosas o de edificios abandonados en nuevas viviendas se suma a la idea de trabajar diseños versátiles funcionalmente, con accesos a multiservicios comunes compartidos.

3. Reducción de costes medioambientales y económicos

Complementando los dos puntos anteriores, las viviendas deben aligerar inevitablemente sus costes: los medioambientales y los económicos. Una tendencia que apunta en una doble dirección, reducir/ahorrar (desde emisiones CO₂ o huella de carbono a consumos energéticos o costes de futuros mantenimientos) y producir/autoabastecerse (autogeneración de energías, reciclaje de agua o incluso zonas verdes productivas). Ambas necesidades conllevan un detallado proceso de actuaciones para disminuir las facturas medioambientales y las directas desde el primer día. Una buena gestión desde el estudio de la ubicación del proyecto hasta el proceso de construcción final, implementado con metodologías contrastadas y avalado con certificaciones exigentes ofrecen resultados sustanciales y medibles en términos de contribución medioambiental y de ahorro para las familias.

Cada una de estas variables importa, y cada potencial actuación permite generar mejoras. Por eso creemos en la especialización para abordar cada uno de los distintos retos que nos marcan las tendencias y encontrar óptimas soluciones en sostenibilidad y eficiencia. Una buena combinación de ambas es una buena adaptación a los tiempos y es, por tanto, una arquitectura inteligente.

Fernando Tortajada. Socio Fundador-Arquitecto Binarq