28 mayo 2019

España cuenta con un parque inmobiliario muy antiguo. La fiebre promotora de la década de los 60 propició el crecimiento exponencial de muchas ciudades en vertical. Según datos del Ministerio de Fomento, más de la mitad de sus edificios son anteriores a 1980, aunque la media de edad ronda los 45 años. Pero ante la nueva perspectiva inmobiliaria que se avecina, hay que atender a nuevas medidas que se deben adoptar en un plazo determinado, para cumplir con los preceptos reglamentarios previstos.

Adaptarse a la nueva normativa

Existe una normativa nacional de obligado cumplimiento para verificar el estado de conservación de las fincas que hayan superado los 50 años de edad desde su construcción. Es a través de la Inspección Técnica de Edificios (ITE) que, además de generar un informe sobre el estado del patrimonio, también actúa como medida de seguridad al alertar de posibles deficiencias estructurales. No obstante, existen otros preceptos que todavía no se han legislado, pero que deberán asumirse en un breve período de tiempo, en materia de eficiencia energética, según dicta la Unión Europea.

De hecho, desde este mismo año, las nuevas construcciones de edificios destinados a fines sociales deben ser de consumo energético cero, priorizando el uso de materiales biodegradables y reduciendo, en la medida de lo posible, los más contaminantes. Para conseguirlo también hay que prestar atención a la distribución de espacios que contribuyan a reducir el consumo energético de los hogares, mejorando la ventilación e iluminación, a la vez que se genera una mayor cuota de confort y bienestar.

Hay pequeños gestos con los que reducir las emisiones de CO2

Los datos son contundentes: el 56% de la contaminación mundial viene causada por viviendas y edificios. Además, el uso desproporcionado de aparatos eléctricos se ha disparado en las últimas décadas. Un gesto tan sencillo como no encender el interruptor cuando todavía hay luz diurna o no abusar de aires acondiciones en verano y de estufas en invierno, permiten reducir las emisiones de CO2 a la atmosfera.

Por este motivo, desde Bruselas ya se ha pactado un ambicioso acuerdo medioambiental que debe hacerse efectivo, como máximo, en el año 2050, cuando los países comunitarios deberán reducir en un 80% la emisión de gases contaminantes.

Productos sostenibles

No sólo los Gobiernos sino también la sociedad civil tiene una importante misión, para cumplir con las expectativas marcadas desde la UE. Y, en concreto, en nuestro país el mérito será doble, ya que no sólo porque más de la mitad de los edificios están envejecidos, sino porque se construyeron en una época donde la sostenibilidad era un concepto desconocido y ni siquiera aparecía en los diccionarios.

Por este motivo, muchos de los materiales que se usaban para la construcción no superarían en la actualidad los exigentes controles de seguridad. Sin ir más lejos, existe un gran volumen de fincas construidas2 a partir de cemento aluminoso que obliga a prestar una especial atención porque puede dañar la estabilidad del inmueble.

Además, en los informes técnicos ITE ya se contempla la adecuación de la vivienda según los preceptos de eficiencia energética y de consumo saludable como, por ejemplo, la eliminación del uso de cañerías de plomo y cobre (que pueden contener metales pesados), así como consejos que contribuyan a la reducción del consumo eléctrico de la finca.

Disponemos de un amplio margen de maniobra, pero es importante no dejar los deberes para el último momento. La clave está en un cambio de hábitos que, a su vez, aporte importantes beneficios, ya que esta reducción en el consumo energético es directamente proporcional al ahorro económico de las familias. Así que hay que empezar por encontrar alternativas más ecológicas, como mejorar la exposición del inmueble a la luz natural o, en su defecto, invertir en paneles solares o alternativas más ecológicas. Pero también hay que ir apartando de nuestro hogar aquellos materiales menos sostenibles y sustituirlos por piezas naturales que no sólo tienen una mayor durabilidad, sino que también se pueden reciclar.

Por suerte, en el mundo de la construcción hace tiempo que se está trabajando en este terreno y ya se pueden encontrar en el mercado, por ejemplo, pinturas ecológicas que tienen las mismas prestaciones que los compuestos químicos y son menos perjudiciales para nuestra salud al no emanar tóxicos. En el entorno de los cerramientos también se están sustituyendo los compuestos de aluminio y/o acero que necesitan más energía para su manipulación, por otros productos menos contaminantes e igual de resistentes.

Y es que la naturaleza nos pone al alcance todos los elementos para crear un hogar confortable y sostenible. De este modo, se está reduciendo el uso de espumas que actúan como aislantes en fachadas por sustancias de fibra de vidrio o roca que no inciden directamente en el calentamiento global; mientras que en las cubiertas, las rocas como la pizarra, además de ser un buen elemento ornamental son ideales para impermeabilizar. Además, piedras y arena empiezan a cotizarse para la fabricación de cementos, ya que causan un menor impacto medioambiental como residuo. Sin duda, entramos en un ciclo de adaptación progresivo que marcará un antes y un después en el sector de la construcción.

Facebook Comments