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Cantabria es una de las localidades más bellas y tranquilas de España. Y es que, además de sus increíbles paisajes, Cantabria desprende una paz y un sosiego difíciles de encontrar. 

“La Tierruca”, que es como los habitantes de Cantabria se refieren de forma cariñosa a su comunidad autónoma, cuenta con rincones que no se pueden describir con palabras. Pueblos medievales con encanto resguardados entre las montañas, acantilados de vértigo, bosques y playas salvajes, picos que tocan el cielo y hasta cuevas prehistóricas. Cantabria lo tiene todo.

Por ello, hemos querido hacer un listado de los pueblos más bonitos de Cantabria que, sin duda, vale la pena conocer. No olvides que en Fotocasa puedes encontrar decenas de viviendas de alquiler vacacional en Cantabria que te permitirán descubrir todo su encanto.

Los pueblos más bonitos de Cantabria en los que querrás perderte

Cantabria está repleta de pueblos y rincones incomparables de parada obligatoria. Y es que cuenta con todo lo necesario para impresionar a cualquier visitante. Aunque, por su belleza, cuesta hacer una selección, a continuación haremos una ruta por los 5 pueblos más bonitos de Cantabria. ¿Nos acompañas?

Santillana del Mar: el pueblo del arte rupestre, por excelencia

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El pueblo de Santillana del Mar aparece en todas las guías de España. Y es que es una de las localidades más bellas, no sólo de Cantabria, sino de todo el país. 

Además, es conocido a nivel internacional ya que en su término municipal se encuentran las Cuevas de Altamira, el primer lugar en el mundo en el que se identificó la existencia del Arte Rupestre del Paleolítico Superior, y que todavía hoy se conserva. De hecho, en 1985, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Además de las Cuevas de Altamira, Santillana del Mar es conocido por sus preciosos acantilados, desde los que se pueden divisar los ríos Saja y Viveda, y unas puestas de sol de ensueño. En su costa se encuentra también la Playa de Santa Justa, situada justo encima de los acantilados, y en la que hay una ermita empotrada en las rocas. El casco antiguo del pueblo, declarado Conjunto Histórico, es otra de las visitas obligatorias, ya que sus callecitas están repletas de las tradicionales casonas cántabras. 

Santillana del Mar es conocida como La Villa de las Tres Mentiras, ya que dicen que ni es santa ni es llana ni tiene mar.

San Vicente de la Barquera: el pueblo marinero más conocido de Cantabria

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El pueblo de San Vicente de la Barquera es la villa marinera más representativa de Cantabria. Está ubicada a quince metros sobre el nivel del mar y dentro del Parque Natural de Oyambre, por lo que goza de unos paisajes espectaculares.

Sus playas tampoco se quedan atrás; de hecho, son uno de sus principales atractivos, así como sus rías, acantilados y marismas. Por todo ello, además de su casco viejo, declarado Conjunto Histórico, San Vicente de la Barquera es una de las localidades más bellas y turísticas de Cantabria.

Entre sus joyas históricas, destacan su castillo, del siglo XIII, la Iglesia de Santa María de los Ángeles, de estilo gótico y románico, el Palacio de la Familia del Corro, del siglo XVI, el Puente Nuevo, de finales del siglo XVIII y los restos de la muralla. Y es que su origen se remonta, precisamente, a la época romana, aunque alcanzó su mayor crecimiento durante la Edad Media.

Potes: un pueblo de cuento junto a los Picos de Europa

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El pueblo de Potes es otra de las localidades de Cantabria de parada obligatoria. Sus callecitas empedradas y sus casonas blasonadas lo convierten en uno de esos pueblos de cuento en los que parece que el tiempo se detiene.

Está situado junto a los Picos de Europa, a 291 metros sobre el nivel del mar y a los pies del monte Arabedes, en el que confluyen cuatro increíbles valles bañados por los ríos Quiviesa y Deva.

Potes también fue declarado Conjunto Histórico, gracias a su increíble arquitectura popular, entre la que destaca la Iglesia de San Vicente, considerada Monumento, sus puentes de piedra y sus torres, especialmente la del Infartado y de la Orejón de la Lama, ambas del siglo XV.  

Cabe mencionar que todos aquellos que visiten esta increíble villa no pueden dejar de probar los quesos tradicionales y el orujo artesanal de Potes; son un auténtico manjar.

Comillas: el pueblo más noble y aristócrata de Cantabria

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El pueblo de Comillas se asienta sobre ligeras colinas, que resguardan sus playas, algunas de arena fina y dorada, y el puerto pesquero, uno de los más admirados de Cantabria. De hecho, gracias al valor ecológico de su costa, repleta de acantilados, se incluye en el Parque Natural de Oyambre.

Al igual que Santillana del Mar, Comillas también cuenta con arte rupestre paleolítico, de hace 14.000 años, dentro de las Cuevas de la Meaza, que no fueron descubiertas hasta 1907. Asimismo, en sus tierras también se descubrieron yacimientos arqueológicos de un castillo medieval. 

Pese a no ser una villa demasiado grande, el patrimonio histórico de Comillas es espectacular. Cuenta con joyas de la talla del Palacio de Sobrellano y su Capilla-Panteón, declarado Bien de Interés Cultural en 2002, así como el Capricho de Gaudí, la primera obra diseñada por arquitecto catalán, también declarada Bien de Interés Cultural en 1969.

Comillas es conocida por ser la localidad natal de muchos obispos y arzobispos, por lo que también se la denomina “La Villa de los Arzobispos”.

Carmona: un pueblo rural de montaña, que destaca por su artesanía

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El pueblo de Carmona, situado en el término municipal de Cabuérniga no podía faltar en este increíble recorrido por las villas más bonitas de Cantabria. A pesar de sus pequeñas dimensiones, Carmona ha sabido mantener la esencia rural típica de la montaña, por lo que cuenta con casonas conocidas a nivel nacional.

Entre ellas, destaca el Palacio de los Díaz Cossío y Mier o de Rubín de Celis, considerado el único palacio de Cantabria que combina el estilo de la casona clásica de montaña con el barroco de los Austrias. Gracias a este y al resto de sus construcciones, fue declarado Conjunto Histórico. 

Carmona se encuentra a 238 metros sobre el nivel del mar y está rodeado de cumbres bañadas por el río Nansa. Además de bellos paisajes, sus visitantes pueden adquirir alguna de las piezas artesanales hechas con madera, tan típicas de esta villa sin igual.