Numerosos estudios demuestran que la forma en la que combinamos los colores tiene una repercusión directa en nuestro estado emocional. Tanto es así que existe lo que se conoce como la psicología del color, que, precisamente, estudia cómo los colores afectan a nuestro comportamiento y, por lo tanto, influyen de una determinada manera en cómo nos sentimos e, incluso, en cómo nos relacionamos con los demás.
Todos hemos experimentado, de forma consciente o inconsciente, cómo cada color tiene la capacidad de animarnos o deprimirnos, de activarnos o de sosegarnos. Y no sólo eso. Los colores complementarios y análogos apelan en cierto modo a nuestro sentido estético más profundo y a nuestra conexión con la naturaleza.





