Se llama Children Village (el pueblo de los niños), está construido con madera y ladrillos de adobe y es el ganador de la última edición del RIBA International Prize como mejor edificio del mundo. Este premio está considerado como más riguroso del mundo.


Lo concede cada dos años el Royal Institute of British Architects y en esta ocasión el jurado ha valorado no solo la excelencia del diseño y la ambición arquitectónica sino también el impacto social del edificio. Además, dos de sus arquitectos, Gustavo Utrabo y Pedro Duschenes, del estudio de arquitectura Aleph Zero, han sido reconocidos también con el Premio RIBA de arquitectos emergentes.
Children Village es un gran internado para 540 estudiantes del instituto de Canuana, en la región de Tocantins, en el interior de Brasil. Sus residentes tienen entre 13 y 18 años y provienen de familias desfavorecidas, algunas de áreas remotas del país. La fundación Bradesco, impulsora del colegio, encontró a un grupo de jóvenes arquitectos –tienen poco más de 30 años– abiertos a nuevas ideas y convencidos de que los edificios pueden ayudar a la transformación social. El proyecto se diseñó teniendo en cuenta las necesidades de los propios adolescentes, que querían lograr la sensación de tener un hogar lejos de casa.
Los edificios del Children Village se organizan en torno a tres grandes patios abiertos pero bien sombreados. Los dormitorios se encuentran en la planta baja y cada uno de ellos acoge a seis estudiantes, con tres literas diseñadas específicamente para el edificio. En el primer piso hay espacios comunales: desde salas de juegos, lectura o televisión a espacios abiertos con hamacas donde los jóvenes pueden charlar y relajarse.

Uno de los máximos retos era conseguir una buena climatización, porque la zona en la que se ubica el complejo tiene un clima tropical que suele alcanzar más de 40 grados en los meses de verano. Para ello se creó una gran cubierta de láminas de madera cruzadas que proporciona sombra a todo el complejo, y los espacios abiertos y las paredes de celosía permiten la circulación de aire que refresca el ambiente, por lo que no hace falta recurrir al aire acondicionado.
Además, para la construcción del edificio se han utilizado materiales de la zona y se han tenido en cuenta las técnicas tradicionales. Así, además de la madera, se han usado ladrillos de adobe, elaborados a mano allí mismo, tanto en las paredes como en las celosías. Este material proporciona un buen aislamiento y permite aunar los planteamientos de la nueva arquitectura con la de las comunidades para las que se construye. Y todo ello con el objetivo fundamental de ofrecer una buena calidad de vida a sus jóvenes residentes.





