La misma línea defiende ONU Turismo, que considera que la sostenibilidad pasa por gestionar el crecimiento del turismo para que genere beneficios económicos sin comprometer el bienestar de la población local ni la conservación de los destinos.
Las soluciones contra la masificación no buscan reducir el turismo, sino gestionarlo mejor
Hablar de soluciones contra la masificación no significa hablar de menos turismo. Al contrario, significa apostar por un modelo capaz de mantener la competitividad de los destinos españoles evitando los efectos derivados de la saturación en determinados barrios o épocas del año. Las principales preocupaciones que intentan abordar estas políticas son:
- La presión sobre el mercado residencial en las zonas con mayor demanda.
- La saturación del transporte público y de los espacios urbanos.
- La pérdida de comercio tradicional en algunos barrios.
- El desgaste del patrimonio histórico y natural.
- Los problemas de convivencia derivados de una elevada concentración de visitantes.
6 soluciones contra la masificación que ya están aplicando ciudades españolas
No existe una única receta para gestionar el turismo. Cada ciudad afronta retos diferentes y, por tanto, aplica medidas adaptadas a su realidad. Sin embargo, la mayoría de las soluciones contra la masificación comparten un objetivo: repartir mejor los visitantes, proteger el acceso a la vivienda y preservar la calidad de vida sin renunciar a los beneficios económicos que genera el turismo.
1. Limitar nuevas viviendas turísticas para recuperar vivienda residencial
Una de las principales soluciones contra la masificación consiste en restringir nuevas licencias de viviendas de uso turístico en los barrios con mayor presión residencial. Barcelona, por ejemplo, ha anunciado que no renovará las licencias cuando expiren, mientras que ciudades como Málaga o Palma también han aprobado medidas para limitar este tipo de alojamientos en determinadas zonas. El objetivo es favorecer el acceso a la vivienda y equilibrar el uso residencial y turístico.
2. Promocionar nuevos barrios y destinos para repartir mejor los visitantes
Otra de las soluciones contra la masificación consiste en diversificar la oferta turística. En lugar de concentrar toda la actividad en los mismos monumentos o centros históricos, muchas administraciones impulsan rutas alternativas, barrios menos conocidos y municipios cercanos con un importante valor cultural, patrimonial o natural. Esta estrategia ofrece ventajas para todos:
- Reduce las aglomeraciones en los lugares más visitados.
- Genera actividad económica en nuevas zonas.
- Da visibilidad a un patrimonio menos conocido.
- Favorece una experiencia más tranquila y auténtica para los visitantes.
Además, contribuye a distribuir los beneficios del turismo entre un mayor número de negocios locales.
3. Apostar por un turismo durante todo el año reduce la presión en temporada alta
La desestacionalización se ha convertido en otra de las grandes apuestas para reducir la saturación turística. Promover escapadas culturales, gastronómicas, deportivas o de naturaleza durante el otoño, el invierno o la primavera permite repartir mejor la llegada de visitantes y disminuir la presión que soportan muchos destinos durante el verano o en fechas señaladas. Este modelo también beneficia al tejido empresarial, ya que favorece una actividad económica más estable a lo largo del año y reduce la dependencia de unos pocos meses de máxima afluencia.
4. Regular cruceros, autobuses turísticos y movilidad en las zonas con más afluencia
Algunas ciudades también están limitando la llegada simultánea de cruceros y autobuses turísticos o reorganizando los itinerarios peatonales y el transporte público para evitar aglomeraciones. Estas actuaciones ayudan a distribuir mejor los visitantes y mejoran la movilidad tanto de los turistas como de los residentes.
Ciudades como Palma, Barcelona o Dubrovnik ya aplican restricciones a los cruceros o a determinados vehículos turísticos para reducir la presión sobre sus centros históricos.
5. Regular el acceso a los espacios más saturados ayuda a proteger el patrimonio
Además de ordenar las viviendas turísticas o diversificar la oferta, algunos destinos han empezado a controlar el acceso a los lugares con mayor afluencia. Venecia, por ejemplo, aplica una tasa de acceso para visitantes de un día en determinadas fechas, mientras que otras ciudades han implantado reservas previas para monumentos, límites de aforo o restricciones a la llegada simultánea de cruceros.
6. Aplicar tasas turísticas para financiar la gestión de los destinos
Otra medida cada vez más extendida consiste en cobrar una tasa turística a los visitantes para financiar la conservación del patrimonio, la limpieza, la movilidad o los servicios públicos. Cataluña fue pionera en España y otras comunidades, como Baleares, también la aplican. En los últimos años, ciudades como Santiago de Compostela o Toledo han abierto el debate sobre implantar figuras similares para afrontar el impacto del turismo.