A estas soluciones se suman también los cerramientos exentos o modulares, normalmente en formato kit. Suelen ser más económicos y rápidos de instalar, pero ofrecen prestaciones más limitadas en términos de estanqueidad y aislamiento, por lo que no siempre son la mejor respuesta si se busca un uso intensivo y confortable del espacio.
Ahora bien, si hay un elemento decisivo en el resultado final, ese es el cristal. Una terraza cerrada solo será realmente habitable durante todo el año si incorpora un acristalamiento adecuado. Como punto de partida, el doble acristalamiento con cámara de aire o gas entre vidrios es la solución mínima recomendable, ya que mejora de forma notable el comportamiento térmico, reduce pérdidas de calor en invierno y limita la entrada de calor en verano.
Para ubicaciones especialmente expuestas al ruido o a temperaturas extremas, el triple acristalamiento puede ser una opción muy interesante, al incrementar todavía más el aislamiento térmico y acústico, aunque con una inversión superior. En estos casos, conviene valorar el coste adicional frente al nivel de confort esperado y al uso que se va a dar al espacio.
Junto al vidrio, el marco o perfil tiene un papel igualmente determinante. El aislamiento no depende solo del cristal: también intervienen el material de la carpintería, el nivel de hermeticidad del conjunto y la correcta instalación. En este sentido, los perfiles de PVC ofrecen muy buen comportamiento al minimizar o incluso eliminar los puentes térmicos, mientras que una buena estanqueidad al aire resulta esencial para evitar filtraciones, pérdidas energéticas y condensaciones.
Otros materiales aislantes a tener en cuenta
Aunque el vidrio y la carpintería son dos elementos decisivos, no son los únicos que determinan el confort de una terraza cerrada. También conviene prestar atención a otros materiales y soluciones que mejoran el aislamiento térmico y acústico del conjunto.
En las zonas opacas, como petos, antepechos o paños ciegos, puede ser recomendable incorporar materiales aislantes como lana mineral o paneles rígidos, capaces de reducir pérdidas energéticas y mejorar el comportamiento frente al ruido. Lo mismo ocurre en la cubierta o en el falso techo, donde un aislamiento adecuado ayuda a evitar sobrecalentamientos en verano y pérdidas de calor en invierno.
El suelo también puede contribuir al confort final, especialmente cuando la terraza pasa a integrarse en el uso cotidiano de la vivienda. En estos casos, determinadas soluciones bajo pavimento ayudan a reducir la sensación de suelo frío y a mejorar el aislamiento acústico.