El drama humano que se vive en Oriente Medio exige respeto, prudencia y sentido de proporción. Sin embargo, al analizar el mercado inmobiliario español, todavía es pronto para valorar, con el rigor que requiere, el impacto de esta crisis. En caso de producirse, además, difícilmente sería inmediato. El canal de transmisión, más que emocional o instantáneo, sería económico y dependería de factores como la duración del conflicto, su impacto sobre la energía o una eventual perturbación en el Estrecho de Ormuz.
Atribuir en este momento efectos directos sobre el mercado residencial español supone una simplificación que puede resultar conveniente en el plano discursivo, pero que es, en todo caso, prematura. Todo apunta a que el primer trimestre reflejará cierto enfriamiento, con volúmenes en línea con el año anterior o ligeramente por debajo. No obstante, esta desaceleración ya se venía observando desde finales de 2025. Lo que estamos observando es, sobre todo, un mercado más lento en la toma de decisiones y más condicionado por el poder adquisitivo, no una caída estructural de la demanda. A ello se suma un inicio de año especialmente lluvioso, con episodios climáticos extremos en varias zonas de España, lo que sin duda también ha condicionado las visitas, los procesos y el ritmo comercial.





