Territorialmente, el interés está extendido de forma equilibrada, con autonomías como la Comunidad Valenciana, Cataluña, Madrid o Andalucía que presentan cifras especialmente elevadas, situándose entre el 75% y el 80%, mientras que la media del resto de España se alinea en torno al 79%. Este reparto homogéneo revela que la sostenibilidad ya no es un criterio de nicho ni una preferencia localizada en áreas urbanas concretas, sino una demanda ampliamente asentada y distribuida por todo el país.
La sostenibilidad residencial se asocia con la eficiencia energética
Uno de los aportes fundamentales del informe reside en aclarar qué entienden los ciudadanos por «vivienda sostenible». De forma mayoritaria, la sostenibilidad se asocia a la eficiencia energética. El 65% de los españoles vincula directamente la vivienda sostenible con la capacidad del inmueble para consumir menos energía, reducir su dependencia de sistemas de climatización y permitir un ahorro económico recurrente. Se trata, por tanto, de un concepto práctico, alejado de percepciones abstractas o exclusivamente ambientales. La sostenibilidad se interpreta como una forma de vivir mejor, más cómodamente y con un menor gasto mensual.

Además de la eficiencia energética, casi la mitad de los españoles, el 49%, señala que una vivienda sostenible debe estar diseñada para aprovechar la energía natural de forma adecuada, es decir, que tenga una orientación, configuración y estructura que reduzca la necesidad de calefacción o aire acondicionado. Para un 43%, la presencia de certificados o sellos de calidad ambiental es un indicador importante, mientras que otro 42% alude al uso de energías renovables o a que el inmueble haya sido construido de forma responsable y respetuosa con el entorno.