3 septiembre 2014

En los últimos años, la crisis ha obligado a jóvenes y no tan jóvenes a compartir piso al no poder optar por una vivienda propia. De hecho, según una encuesta reciente realizada por fotocasa, el 37% de las personas que comparten piso lo hacen por motivos económicos.

Esta situación, para muchos la única alternativa a la dependencia familiar, supone ver reducido el espacio “vital” a una única habitación. Esto, aunque pueda parecer un reto difícil, puede serlo menos si se tienen en cuenta una serie de premisas…

 

pisos compartidos

Foto: Ikea

El orden aporta amplitud y calma

Cuando el espacio para guardar todas las pertenencias es tan pequeño como el de una sola habitación, es fácil agobiarse. Para evitarlo, lo primero es deshacerse de aquello que no se utiliza. Lo segundo es mantener siempre el espacio en orden, de manera que parezca más amplio, limpio y luminoso. Para ello existen multitud de complementos que permiten tenerlo todo recogido y siempre a mano.

Además, mantener el orden en las zonas comunes como el salón, la cocina, el cuarto de baño también es fácil gracias al uso de muebles multifuncionales y con almacenaje, así como de pequeños complementos como percheros, cestos o cajas, que permiten mantener recogidas cada una de las estancias del hogar…

 

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Foto: Ikea

Muebles multifuncionales y con almacenaje

Por mucho que se reduzca el mobiliario al mínimo, la cama es un elemento imprescindible. La elección de su tamaño dependerá del espacio disponible y las necesidades y, aunque lo ideal es una cama grande, a poder ser con hueco para el almacenaje, no siempre es posible.

Cuando se trata de un espacio realmente pequeño, es preferible optar por colocar camas elevadas, ocultas, plegables o por un buen sofá cama. Además, las mesitas de noche, aunque resultan muy prácticas, pueden sustituirse por pequeñas baldas voladas que, pegadas a la cama, realizan la misma función de apoyo de los objetos imprescindibles y ocupan menos.

Para el almacenaje, lo ideal es optar por armarios grandes, de colores claros y puertas correderas de cristal o espejo, que aporten una sensación más liviana. Si no se dispone de mucho espacio, es recomendable decantarse por armarios con estructura al aire o muebles bajos, que no sobrecarguen visualmente la estancia. Estanterías, baldas, cajas, canapés, cómodas y percheros, entre otros, ayudan al almacenaje de libros, ropa, apuntes, viejos recuerdos…

 

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Foto: Ikea

 

Separar ambientes ayuda a ampliar el espacio

Compartir vivienda significa que el dormitorio pasa a ser un espacio multifuncional en que estudiar o trabajar, disfrutar de hobbies como la lectura, el cine o los videojuegos, guardar todas las pertenencias y, cómo no, descansar. Una forma de no agobiarse en este espacio es dividir la estancia por zonas, que normalmente son la de descanso, la de almacenaje y la de trabajo, estudio u ocio, según las tareas a realizar en ellas.
Muretes, estanterías, aparadores, biombos o cortinas son solo algunos de los elementos que permiten dividir físicamente el espacio. La pintura de las paredes, los colores de los textiles, el tipo de suelo, la iluminación o complementos como alfombras o cuadros también ayudan a diferenciar ambientes.

 

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Foto: Ikea

Aprovechar hasta el último rincón de la casa

Inventar nuevos espacios es imprescindible, especialmente, cuando se comparte piso: desde esquinas, hasta el espacio entre columnas o retranqueos, pasando por la parte de detrás de las puertas y la zona superior de los armarios permiten ganar espacio de almacenaje y/o trabajo en aquellos rincones que se daban por perdidos.

Además, podemos aprovechar aquellos espacios muertos, como el que se genera debajo de la cama. Así, si no disponemos de canapé en el que guardar la ropa de otra temporada, zapatos u otros objetos que no utilicemos demasiado, podemos optar por colocar cajones o cajas debajo de la cama en los que almacenarlos. Guardar la ropa en bolsas al vacío también reduce considerablemente el tamaño que ocupa ésta.

 

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Foto: Ikea

La luz y el color ayudan a ampliar el espacio

Lograr una iluminación perfecta permite ganar amplitud en la estancia, por eso, lo primero es potenciar la entrada de luz natural: pintar la pared de colores claros aumenta la luminosidad; los espejos, colocados frente a la entrada de luz, la reflejan y expanden por toda la habitación; el uso de cortinas livianas posibilita un mayor flujo de luz en el dormitorio sin restarle intimidad.

También se debe iluminar correctamente cada uno de los ambientes de la estancia. Así, además de una luz general que ilumine toda la estancia, se debe apostar por luces puntuales que alumbren cada una de las zonas de manera individual según las tareas a realizar en ellas.

Por su parte, los colores claros, pasteles y neutros, generan una sensación de mayor amplitud, creando espacios abiertos y luminosos, mucho más agradables y acogedores. Esto los hace especialmente atractivos en estancias pequeñas, no sólo en paredes y revestimientos, también en muebles y complementos.

 

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