Algunos aspectos clave a considerar son la ubicación de la vivienda, la superficie y distribución, el estado de conservación, la antigüedad, los acabados y equipamiento, así como la existencia de zonas comunes y servicios. También es importante valorar la accesibilidad, las vías de comunicación y la cercanía a colegios, comercios y otros servicios. Además, se debe analizar el precio de la vivienda y compararlo con el mercado de la zona.