Finca rústica amb 2 banys a Castro de Rei, Lugo
CASA RÚSTICA RESTAURADA A LAS PUERTAS DE LUGO EN EXCLUSIVA A apenas diez minutos de Lugo, donde la ciudad se queda atrás y empiezan los prados, aparece esta casa de piedra. Fue restaurada por completo con una idea muy clara: no borrar nada de lo que la hacía especial. Los muros de granito y pizarra siguen a la vista y los dinteles de madera conservan la huella de los años. Los techos dejan ver sus vigas, como si la reforma se hubiese limitado a ponerla al día sin pedirle que cambiara de carácter. Han pasado casi dos décadas desde entonces y la casa lo agradece: todo sigue en su sitio, con ese equilibrio entre lo rústico y lo cómodo que solo se consigue cuando se restaura con cariño. Se entra por un recibidor desde el que todo queda a mano, sin pasillos que alarguen el recorrido. A un lado está la cocina, completamente equipada y con espacio para la mesa de diario. La preside todavía la antigua lareira, ese rincón que en las casas gallegas fue siempre el corazón del hogar y que aquí conserva intacta su presencia. Al otro lado se abre el salón comedor, de unos 35 m², la estancia que mejor resume el espíritu de la casa. El suelo de losa, la piedra que envuelve cada pared y la madera del techo crean un ambiente cálido. Hay amplitud para una zona de estar, una mesa de comedor para reunir a toda la familia y un buen rincón de lectura sin que ninguna le robe protagonismo a la otra. La planta baja, de unos 110 m², se completa con un baño completo con ducha y una práctica despensa bajo la escalera. También tiene un cuarto independiente para la caldera, que mantiene una temperatura muy agradable en toda la casa. El depósito está situado en el exterior, de modo que el interior queda libre de olores. La escalera sube hacia la parte más íntima de la vivienda: unos 50 m² bajo una cubierta de madera que se deja ver en toda su estructura. Aquí se reparten los dos dormitorios y un aseo. El principal sorprende por su amplitud. Desde ambos la mirada se pierde en el paisaje, entre arboledas, setos y prados, hasta la línea suave de los montes en el horizonte. Esas mismas vistas anticipan lo que espera fuera: una finca de unos 2.000 m², parcialmente cerrada, con una amplia pradera de césped resguardada por setos altos y árboles grandes que dan sombra en verano. Nada más llegar, un bonito galpón de piedra recibe al visitante con un gran horno tradicional en su interior. Tiene espacio de sobra para guardar un coche o darle el uso que cada uno imagine. Más adentro, en plena finca, espera el alpendre, quizá el rincón con más encanto de toda la propiedad. Es una construcción de piedra con barbacoa y zona de comedor, pensada para las sobremesas largas de verano y las reuniones que no miran el reloj. La propiedad se completa con una construcción independiente y legalizada, con garaje para dos coches, taller o cualquier uso que se le quiera dar. Alrededor hay vecinos cercanos, pero cada casa conserva su espacio y su intimidad. El acceso está asfaltado hasta la puerta, así que la vida tranquila del campo no obliga a renunciar a la comodidad de tener la ciudad a un paso. SE RESTAURÓ PARA VIVIRLA. SE CONSERVÓ PARA SENTIRLA.
- 2 habs·
- 2 banys·
- 240 m²
