Casa o xalet amb 2 banys a Sant Vicenç Dels Horts, Barcelona
Sant Vicenç dels Horts, Zona de
La casa equivocada te alejará de tu pasión, la indicada te acompañará en tus aventuras. Bienvenidos a la casa DANEU. La primera vez que vi la casa pensé que esta familia debía de tener una historia. No fue por la terraza. Ni siquiera por las vistas, aunque desde allí arriba el paisaje se extendía hasta donde alcanzaba la mirada. Fue por una pasión. Estaba abajo. Pero todavía no lo sabía. Habíamos entrado desde la calle, directamente a la planta principal, y hasta entonces todo parecía seguir el orden razonable de las cosas. Una casa construida en 1999, unos cien metros en aquella planta, las vistas abiertas ofrecían luz, cuatro dormitorios, un baño y una cocina grande. Grande de verdad. De las que todavía recuerdan una época en la que las cocinas no se diseñaban únicamente para cocinar, sino para quedarse. Al final estaba la terraza. Me acerqué. Hay vistas que uno contempla y otras que, durante unos segundos, consiguen que uno deje de hablar. Sant Vicenç del Horts a tus pies. Detrás de mí, el propietario esperaba. Lleva años trabajando en el mundo del motor y habla de los coches de una manera curiosa. No mencionaba demasiado la velocidad. Hablaba de equilibrio, de precisión, de escuchar una máquina hasta saber qué necesita. Después señaló la escalera. —Falta lo mejor. - Me dice sonriendo. Y bajamos. Entonces entendí la casa. Abajo no había un garaje. O, al menos, no solamente. Había más de cien metros de espacio y una vida entera repartida entre ellos. Motos de trial. Motos de circuito. Herramientas. Recuerdos. Fotografías. Objetos que probablemente para cualquiera serían decoración y que para ellos tenían una historia detrás. Era su territorio. El lugar al que uno baja cuando necesita unas horas para sí mismo. Había también un cuarto de aguas, trastero y una gran zona de juegos. Pero lo verdaderamente extraordinario era la sensación de espacio. Uno podía imaginar allí cuatro coches. O motos. O un gimnasio. Un taller. Una sala de juegos. O todas esas cosas a la vez. Seguimos caminando. Al fondo entraba luz. Y aquella casa que yo creía haber entendido dos veces, volvió a cambiar. Salimos al jardín. Primero aparece la pérgola. Después el chiringuito de madera. Más allá, el chill out. Y finalmente la barbacoa. En realidad, las barbacoas. Hay dos. Sonreí. Al conocer un poco a la familia, empezaba a parecerme perfectamente lógico que en aquella casa hubiese dos barbacoas. Me imaginé entonces una noche de julio. Las motos ya guardadas abajo. Alguien preparando la cena. Una botella abierta sobre la mesa. Los amigos llegando sin demasiada puntualidad. Los niños cruzando el jardín. Una conversación que empieza bajo la pérgola y termina varias horas después en el chill out. Y comprendí algo. Durante toda la visita habíamos estado hablando de metros cuadrados. Aproximadamente 166 m² construidos en una parcela de 677 m². Pero aquella cifra explicaba bastante mal la casa. No hablaba del enorme garaje. No explicaba las terrazas. No decía nada del jardín, del chiringuito, de las dos barbacoas ni de aquellas vistas. Y desde luego no podía contar las historias que habían ocurrido allí desde 1999. Antes de marcharme volví a mirar hacia el garaje. Quizá las casas se parecen un poco a las máquinas. Puedes conocer sus medidas, su año y todas sus especificaciones. Pero eso no significa que las conozcas. Para eso hay que ponerlas en marcha. Y esta todavía tiene muchos kilómetros por delante.
- 4 habs·
- 2 banys·
- 166 m²
