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Unas puertas se abren a tu paso y te hacen la vida más fácil; algunas, endiabladas, parecen querer atraparte; otras las necesitas abrir, no puedes y, por desesperación, acabas gritando el hechizo «¡Alohomora!»… ¡Ay las puertas, esos grandes retos cotidianos! Aunque, recuerda, cuando una puerta se cierra, se abre una ventana.