El ruido es, sin duda, uno de los grandes enemigos del confort en el hogar. El tráfico de la calle, las conversaciones de los vecinos, los tacones o balonazos en el piso de arriba… Todas ellas son invasiones sonoras que merman nuestra calidad de vida y convierten nuestro refugio en un lugar de estrés.
Por eso, abordar el problema del aislamiento acústico durante una reforma o rehabilitación no es tarea baladí, sino una inversión en bienestar. Y en este terreno, los sistemas de construcción en seco, popularmente conocidos por marcas como Pladur, han revolucionado la forma en que conseguimos el silencio.
Tradicionalmente, la solución al ruido pasaba por muros gruesos y pesados. Pero hoy es una opción inviable y aparatosa cuando hablamos de mejorar una vivienda ya construida. Gracias a la construcción en seco tenemos una alternativa ligera, rápida, limpia y, sobre todo, extraordinariamente eficaz.
La construcción en seco vs. la construcción tradicional
A diferencia de la albañilería tradicional («obra húmeda») que utiliza ladrillos, cemento y largos tiempos de secado, la construcción en seco se basa en un montaje de componentes prefabricados. El sistema más común para el aislamiento acústico consiste en:
- Estructura metálica: perfiles de acero galvanizado (montantes y canales) que se fijan a la pared, techo o suelo existentes, creando una cámara de
- Material aislante: en el interior de esa estructura se coloca un material absorbente, como la lana de roca o la lana mineral. Este es el corazón del sistema, el encargado de «atrapar» y disipar la energía de las ondas sonoras
- Placas de yeso laminado (PYL): finalmente, la estructura se cierra con una o varias placas de yeso, que crean una nueva superficie lisa y lista para pintar.






