¿Eres de los afortunados que tiene una segunda residencia? Si es así este artículo te interesa, y mucho.
Las casas del pueblo son mágicas. Los que hemos tenido la suerte de veranear en una lo sabemos. Puede, incluso, que nuestros padres y abuelos hayan nacido en ella, por lo que, además, tiene un valor añadido. O puede que no; que la hayamos adquirido hace poco para escapar de la ciudad y pasar unos días al año tranquilos, rodeados de naturaleza o frente al mar.





