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España es el país de la Unión Europea más golpeado económicamente por la crisis del coronavirus. Se trata del estado miembro que ha sufrido un mayor desplome económico y de empleo de los 27, muy por delante de Italia, que está en el segundo puesto y que durante muchas semanas encabezó la lista.

La economía española se hundió un 18,5% durante el segundo trimestre del año, a la que hay que sumarle la caída del 5,2% del primer trimestre.

Los efectos económicos de la pandemia han supuesto un revés para la economía española que, según los expertos, no sucedía desde el año 1995. Sin embargo, las medidas adoptadas por el Gobierno han contribuido a amortiguar el golpe.

A parte los ERTE, las ayudas a autónomos y pymes o los avales públicos, el ejecutivo ha aprobado un subsidio extraordinario de unos 430 euros para las personas sin empleo cuya prestación terminó durante el estado de alarma comprendido entre el 14 de marzo y el 30 de junio, al considerar que no podían encontrar trabajo ni acceder a otro tipo de ayudas. Llegará a unos 250.000 parados, que lo recibirán durante tres meses.

¿Qué debería pagar la empresa?

Las empresas, por su parte, también tienen que comprometerse con sus empleados. De acuerdo con la nueva ley del teletrabajo, que entró en vigor el pasado 13 de octubre, las compañías están obligadas a sufragar o compensar los gastos de sus trabajadores por lo que respecta tanto a los equipos como a las herramientas, los medios y los gastos relacionados con el desarrollo de su labor; en ningún caso deberán ir a cargo de los empleados. En la mayoría de casos, los acuerdos colectivos o los convenios determinarán cómo se abonan estos gastos.

El teletrabajo debe ser voluntario y reversible. Asimismo, requiere de un acuerdo por escrito en el que consten los derechos del trabajador, que puede añadirse al contrato inicial o realizarse de nuevo. Las empresas están obligadas también a mantener los mismos derechos de los que gozaban sus empleados antes de la pandemia y ofrecer la opción de teletrabajar, siempre que sea posible. Tanto las personas que trabajen desde casa como las que lo hagan presencialmente tendrán los mismos derechos respecto a las condiciones laborales, incluyendo estabilidad en el empleo, formación, retribución, promoción profesional y ayudas económicas pertinentes. Además, la negativa de un empleado a teletrabajar así como las dificultades que puedan surgir para hacerlo, no podrán justificar de ninguna manera su despido ni sus condiciones de trabajo.

Las empresas deben garantizar siempre por escrito a sus empleados el derecho de estos a la formación en términos equivalentes a los de antes de la pandemia, a la desconexión digital, al derecho a la intimidad y protección de datos, a la seguridad y salud en el trabajo, y, como apuntábamos, a recibir de la compañía los medios adecuados, o en su defecto, una compensación económica para sufragarlos, para desarrollar su actividad.

Asimismo, las compañías que se hayan acogido a un ERTE a partir del 1 de octubre estarán obligadas a mantener el empleo de sus trabajadores durante un mínimo de seis meses. Así lo han acordado las empresas, junto con el Gobierno, la patronal y los sindicatos. Se trata de la cuarta prórroga del año, que tendrá vigencia hasta el 31 de enero de 2021 y también contempla lo que se ha denominado el “contador cero”, que permite que no se consuma paro mientras se esté cobrado del ERTE. Así pues, todas las personas que pierdan su empleo antes o durante el 2021 tendrán garantizada su prestación hasta el 1 de enero de 2022. Además, en el caso de que el poder adquisitivo de un trabajador afectado por un ERTE disminuya, se deberá mantener su prestación a pesar de que hayan pasado los seis meses de prórroga.

Las empresas también tendrán que permitir a sus trabajadores adaptar o reducir su jornada laboral, si estos deben atender a menores de edad, a enfermos o a personas discapacitadas. Estas, a su vez, se verán recompensadas por ello, gracias al plan “Me cuida”, que también ha ampliado el Gobierno para ayudar a las compañías.

A parte de todas estas medidas, muchas empresas de forma voluntaria ayudan también a sus empleados con pequeñas acciones que pueden llegar a representar grandes cambios para muchos de ellos. Desde cafés, fruta o menús gratis, hasta seguros de salud, acceso gratuito al gimnasio, clases de cocina saludable, sesiones de yoga o descuentos en algunos supermercados, entre otros. Y es que en este momento toda ayuda, por mínima que sea, es bienvenida.