Algunos aspectos clave a considerar son la ubicación de la propiedad, el estado de conservación, la superficie y distribución de los espacios, así como los servicios y equipamientos incluidos. También es importante valorar los costes de mantenimiento y posibles reformas que puedan ser necesarias. Además, es recomendable informarse sobre la normativa urbanística y las posibilidades de ampliación o modificación de la vivienda.