La impermeabilización bajo cerámica en baños y cocinas

Sandra Barañano
Sandra Barañano Directora Técnica de Andimac y Cuida tu Casa

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El baño y la cocina son, con diferencia, las estancias de la vivienda que más sufren por la humedad. A diario se combinan agua líquida, vapor, cambios de temperatura y zonas “delicadas” (esquinas, desagües, pasos de tuberías, perímetros de ducha y bañera). 

Cuando la protección es insuficiente, los problemas no solo se ven: también se agravan con el tiempo y pueden afectar a otras habitaciones o incluso a vecinos.

Por eso, la impermeabilización bajo la cerámica (debajo del suelo o de los azulejos) no es un “extra”: es una medida preventiva que protege la vivienda y reduce el riesgo de patologías.

Problemas habituales en cuartos húmedos: qué puede pasar si no se impermeabiliza bien

En viviendas donde la impermeabilización es inexistente o está mal ejecutada, suelen aparecer una o varias de estas señales:

  • Filtraciones hacia plantas inferiores: el clásico problema de “le cae agua al vecino”, especialmente frecuente en duchas y encuentros suelo-pared.
  • Moho en juntas, rodapiés y esquinas: además de antiestético, puede generar malos olores y un ambiente poco saludable.
  • Desprendimiento de azulejos o baldosas: cuando el agua entra en capas internas, los adhesivos pierden rendimiento y las piezas pueden despegarse.
  • Daños en tabiques y mobiliario: hinchazón de elementos sensibles a la humedad (por ejemplo, ciertos tabiques o madera) y deformaciones.
  • Ampollas y desconchados de pintura en estancias contiguas: la humedad migra y termina saliendo por la zona “más débil”.

Si ya existe alguno de estos síntomas, normalmente el problema no está “solo en la junta”: muchas veces está detrás, en las capas interiores.

Qué es exactamente “impermeabilizar bajo cerámica”

Aunque la cerámica parece impermeable, las juntas y los encuentros no lo son al 100%, y con el uso se deterioran. La impermeabilización bajo baldosa consiste en crear una barrera continua sobre el soporte (suelo y/o pared) antes de colocar la cerámica, para que el agua no llegue a la estructura.

En términos sencillos: la baldosa es el acabado, pero la impermeabilización es el sistema de protección.

En términos sencillos: la baldosa es el acabado, pero la impermeabilización es el sistema de protección

En vivienda, una de las soluciones más habituales es la membrana impermeabilizante líquida al agua, aplicada como una pintura espesa con rodillo o brocha.

Esta membrana forma una capa continua, sin juntas, lo que reduce puntos débiles. Se adhiere al soporte y, una vez seca, permite colocar la baldosa directamente. Además, puede tener la capacidad de “puentear” pequeñas fisuras, algo útil cuando hay micro-movimientos.

También existen sistemas en formato lámina (rollos o paneles), que se colocan como una “piel” impermeable con espesor controlado. En ambos casos, lo importante no es solo el producto, sino los detalles y la continuidad.

Zonas donde es más importante (y donde más fallos aparecen)

Si estás reformando o construyendo, hay puntos que suelen ser críticos:

  • Ducha y su perímetro, especialmente el encuentro entre plato y pared.
  • Alrededor de bañera y lavabo, incluyendo esquinas y bordes.
  • Encuentros suelo–pared (todo el perímetro de la estancia).
  • Desagües y sumideros (conexión delicada entre la evacuación y el suelo).
  • Pasos de tuberías (salidas de grifos, llaves, tomas, etc.).
  • Umbrales y cambios de estancia (donde se corta el sistema, si se corta mal).

Qué debes exigir: checklist para una obra bien hecha

Si vas a contratar una reforma, te conviene saber que una obra bien hecha no consiste únicamente en “cambiar azulejos”. Si ha habido filtraciones o manchas de humedad, lo sensato es que primero se revisen la fontanería y los desagües, porque impermeabilizar por encima de una fuga activa solo tapa el síntoma, pero no elimina la causa.

También es importante que la impermeabilización se ejecute como un sistema continuo, no como una capa aislada solo en el suelo. Lo habitual es que, además de cubrir la superficie horizontal, la impermeabilización suba algunos centímetros por la pared y se refuercen los encuentros, especialmente en la zona de ducha, donde el agua y el vapor castigan más.

Si ha habido filtraciones o manchas de humedad, lo sensato es que primero se revisen la fontanería y los desagües, porque impermeabilizar por encima de una fuga activa solo tapa el síntoma, pero no elimina la causa

En esos puntos “singulares” es donde más fallos suelen aparecer: esquinas, uniones suelo-pared, perímetros de plato de ducha o bañera y pasos de tuberías. Por eso, conviene que se refuercen correctamente con bandas o soluciones específicas.

Otro aspecto básico, aunque no siempre se comprueba, es la pendiente hacia el desagüe en las duchas. Si el agua se encharca, aumenta la presión y el tiempo de contacto con juntas y encuentros, y con ello el riesgo de que termine penetrando por donde no debe. En una ducha bien resuelta, el agua debe dirigirse claramente al sumidero.

En encuentros con sanitarios y perímetros lo correcto es resolverlos con un sellador elástico antimoho aplicado sobre un soporte limpio y seco, porque ahí es donde suelen empezar las degradaciones

Las juntas y los sellados también marcan la diferencia. Reducir la junta al mínimo por estética puede ser mala idea si perjudica el comportamiento del conjunto. Y en encuentros con sanitarios y perímetros (plato, bañera, lavabo), lo correcto es resolverlos con un sellador elástico antimoho aplicado sobre un soporte limpio y seco, porque ahí es donde suelen empezar las degradaciones.

Además, es esencial que se respeten los tiempos de secado antes de colocar la cerámica. Las membranas líquidas necesitan su curado y, por lo general, se aplican en más de una mano. Acelerar este proceso compromete la adherencia y la continuidad de la barrera impermeable, y puede traducirse en problemas a medio plazo.

Y aunque la impermeabilización es la gran barrera contra filtraciones, para reducir moho y condensación ayuda mucho acompañarla de hábitos y soluciones sencillas, que todos podemos aplicar fácilmente: una ventilación efectiva, mantener juntas limpias y secas —sobre todo en esquinas—, sustituir la silicona en cuanto se agriete o se despegue y vigilar pequeñas fugas en grifería, sifones o latiguillos antes de que la humedad se acumule en capas internas.

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