Dependiendo del estado de la finca, se podrían realizar inversiones en la rehabilitación o ampliación de la vivienda, la construcción de nuevas instalaciones (como establos, graneros o invernaderos) o la mejora de las infraestructuras existentes (caminos, cercados, sistemas de riego, etc.). Estas mejoras permitirían adaptar la finca a las necesidades y proyectos del nuevo propietario.