7 julio 2014

Antes de iniciar cualquier proyecto para diseñar una vivienda, hay que fijarse unos objetivos que van más allá de la estética. La funcionalidad y la belleza, en algunos ámbitos, son conceptos que no necesariamente han de ir unidos, pero cuando el objetivo es crear un hogar, un buen diseño sólo es bueno si es funcional. Un hogar debe estar sincronizado con las personas que lo habitan, cubrir sus necesidades y proporcionar confort y calidad de vida. Con lo cual, la creatividad en una vivienda debe inspirarse en las necesidades de las personas que la habitarán.

Una vez analizadas las necesidades del cliente y establecidas las prioridades que deben cumplir los distintos ambientes a realizar, es básico fijar un estilo concreto. Para ello, se debe tener en cuenta cómo el estilo propio del profesional va a impactar en el estilo arquitectónico existente, en el entorno y en la idea predeterminada del cliente. Una forma de hacerlo es creando una atmósfera minimalista, a modo de background, que unifique materiales, colores y texturas. Esto permite luego incorporar elementos de contraste con el mobiliario y la decoración para crear ambientes eclécticos dentro de un lenguaje armónico.

Para conseguir este lenguaje unificador es básica la selección de materiales en las superficies predominantes. El diseño en una vivienda comienza a enfocarse a través del pavimento, que actúa a modo de “piel” que cubre toda la extensión de la superficie. Encima de esta piel, se colocan los distintos materiales y accesorios que darán el toque personal y cubrirán las necesidades del cliente. Una buena opción es usar pavimentos y revestimientos, que sirvan de base al resto de elementos y que no roben protagonismo a éstos. También es útil utilizar un pavimento único que pueda usarse tanto en interior como en exterior, permitiendo formar volúmenes (subir por una pared o un muro, entrar en la piscina, remontar por una escalera…) con los cuales racionalizar los espacios y acercarse a la esencia de “menos es más”. En este caso, resultan interesantes los revestimientos y pavimentos cuyas colecciones o modelos proporcionan distintas texturas o formatos, ya que se adaptan mejor a las diversas zonas de las viviendas y ofrecen más posibilidades.

En el momento de seleccionar estos materiales el profesional debe basarse en su tecnología y en las ventajas que proporcionan, tanto en el apartado de la funcionalidad y el confort como en el de la estética. Por una parte, la resistencia, la facilidad de limpieza, la seguridad y el mantenimiento son aspectos fundamentales que deben cumplir los materiales. Por otra parte, combinar con sobriedad la paleta de tonos tierra y neutros, los grandes formatos y las texturas naturales ayudan a crear una sensación de calma y seguridad en la vivienda, y actúan de soporte para el resto de la decoración, sin restar protagonismo.

Este lenguaje unificador sirve de base para crear grupos armónicos diferenciadores y poder provocar emociones puntuales en espacios concretos. Por ejemplo, sobre una base neutra y minimalista, se suele trabajar con el color con los cojines de la zona chill-out para aportar un toque más relajante y calmado o bien crear un clima festivo y estival. Este ejemplo es extensible a otras áreas de la casa, como por ejemplo el salón, dónde se puede jugar con los colores y las texturas de la tapicería de los sofás o las cortinas, o la piscina, coordinando sus piezas cerámicas con las del resto de la zona exterior para crear un espacio único más amplio y armónico.

La creación de estos ambientes, con colores vivos, formas orgánicas, mobiliario de vanguardia y elementos de tendencia permiten cargar los espacios de vida y dinamismo, adaptándose a las características de la vivienda, a las necesidades y el estilo del cliente, y a la propia filosofía de trabajo del profesional. Trabajando primero los elementos base de la vivienda como los pavimentos, a partir de los cuales éste crea los ambientes.

Esta mezcla de estilos permite encontrar un equilibrio entre sensación y emoción.

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