25 febrero 2019

A pesar de que el confort y el bienestar son dos de los motivos que más mueven a los españoles a la hora de lanzarse a hacer una reforma, lo cierto es que actualmente uno de cada nueve vive en un edificio con poca salubridad, ya sea porque padece goteras, una calefacción deficiente en invierno o temperaturas insoportablemente altas en verano, según datos de Cuida Tu Casa.

Bajo techo las personas se enfrentan a los riegos derivados del deterioro dentro de los propios edificios, que pueden llegar a causar afecciones respiratorias, alergias o enfermedades. La mayoría pasan el 90% del tiempo a cubierto, ya sea en casa, en el trabajo, de compras en los centros comerciales o en el bar con los amigos, por lo que la salud de los edificios está directamente relacionada con las personas.

De hecho, para que una vivienda se considere sana tiene que reducir a límites aceptables el riesgo de que, dentro del edificio y en condiciones normales de uso, se padezcan molestias o enfermedades. De igual manera, es importante que la amenaza de que los edificios se deterioren y puedan terminar afectando al medio ambiente resulte mínima.

En cualquier caso, para disipar los peligros y conocer el nivel de salubridad de la vivienda se valoran aspectos como la protección frente a las humedades, la recogida y evacuación de residuos, la calidad del aire en el interior, así como el suministro de agua, o las instalaciones de saneamiento y fontanería o calefacción y climatización entre otros. Estas características sirven de termómetro para saber cómo de bien o de mal se encuentran los inmuebles para vivir en ellos sin que su estado de mantenimiento repercuta negativamente en la salud de sus inquilinos.

Un ejemplo claro es el sistema de ventilación de las casas, el pulmón de los hogares. Tradicionalmente, se realizaba de forma natural, pero a día de hoy el aislamiento térmico y acústico de los edificios es mucho más eficaz y por temas de ahorro y casas eficientes se busca la hermeticidad. Y, recordemos, la falta de ventilación provoca la acumulación de olores, mala renovación del aire interior, humedades y contaminantes perjudiciales para la salud. Por ello, sin una buena ventilación de los edificios, los hogares no respiran correctamente y, por ende, estos pueden terminar deteriorándose hasta el punto de provocar humedades que, combinadas con deficiencias en el aislamiento, podrían dar lugar a la aparición de hongos y microorganismos nocivos para la salud, sobre todo para personas que padecen alergias o sufren problemas respiratorios.

De igual manera que las personas acuden al médico a que les prescriba un tratamiento cuando se encuentra mal, los hogares también necesitan de diagnósticos. Así, en el caso de que se detectaran problemas de salubridad en los edificios es importante reaccionar rápido con agilidad, realizando las reformas pertinentes para solucionar las deficiencias de los hogares, como la reparación de elementos de hormigón armado, el refuerzo, protección e impermeabilización de fisuras o el aislamiento de fachadas, entre otras.

Sandra Barañano. Directora Técnica de Cuida Tu Casa

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