7 diciembre 2016

Con el invierno a la vuelta de la esquina, la necesidad de activar mecanismos para ahorrar en calefacción es una preocupación común. Conseguirlo solo es posible en inmuebles con la máxima eficiencia energética y, para lograrlo, resulta imprescindible un análisis termográfico. La termografía permite registrar de manera gráfica las diferentes temperaturas de un espacio y descubrir donde se encuentra cada punto de pérdida de calor o puente térmico.

 

¿Por qué se pierde calor?

Entidades como la Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes estiman que más de la mitad de los edificios residenciales españoles son anteriores a 1979, año en el que se aprobó la primera normativa sobre aislamiento térmico. Así, buena parte de nuestras viviendas y hoteles se construyeron sin medidas para eliminar las pérdidas de calor en invierno y de frío en verano. El calor se pierde siempre a través de puentes térmicos, que son las zonas de un inmueble en las que el calor se transmite mejor que en áreas contiguas. La presencia de puentes térmicos siempre está vinculada a la conductividad y al espesor de los materiales usados al construir el edificio.

 

calor

 

Puertas, ventanas, cubiertas, muros, cajones de persianas y hasta tuberías

Experiencias como la campaña de realización de más de un millar de termografías que se llevó a cabo en 2015 en la ciudad burgalesa de Miranda de Ebro demuestran que la mayoría de pérdidas de calor (hablamos de un 68%) se producen a través de ventanas y puertas, que actúan como puentes térmicos.

Otros puntos críticos localizados durante aquella campaña fueron los situados en los cajones de las persianas. Con el estudio quedó demostrado que se perdía calor hasta en 52% de las viviendas analizadas. Con todo, los problemas no se limitan a dichos puntos, porque las paredes también son elementos clave. Un muro en contacto con el exterior, implica ya posibilidad de una pérdida de calor y, por ello, es básico un aislamiento correcto.

Del mismo modo que los muros son un punto crítico, los techos actúan de modo idéntico. Para minimizar las pérdidas de calor que se producen en unos y otros es imprescindible optar por paredes con ladrillos huecos o materiales como el corcho, el poliuretano, la fibra de vidrio o la lana de piedra. Estos dos últimos son especialmente adecuados para aislar techos, como también lo son las pinturas especiales que desvían el calor.

Con respecto a las ventanas, lo primero que conviene hacer es asegurarse de que cierran herméticamente. Las ventanas dobles y las de aluminio con capacidad para romper eventuales puentes térmicos son óptimas. Las tuberías son otro punto de fuga de calor sobre el que conviene actuar.

Si tu objetivo, ahora que llega el invierno, es obtener un ahorro en calefacción, conviene encargar cuanto antes un análisis termográfico de nuestra vivienda y proyectar las actuaciones necesarias sobre ventanas, paredes, techos, tuberías, suelos y cajones de persianas. Así, hay que mejorar el aislamiento térmico de muros y techos con los materiales más adecuados e instalar ventanas más eficientes: simplemente optando por unos cristales adecuados podrás reducir la factura en un 25%. También hay que aislar tuberías y cajones de persianas y valorar la posibilidad de instalar un sistema de calefacción mediante suelo radiante. Tu salud y tu bolsillo lo agradecerán.

 

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