12 enero 2021

Primero fue el confinamiento de la primavera y luego las restricciones de movilidad y toques de queda desde finales del verano. Hasta que pasó el otoño y llegó el invierno, entre olas y sacudidas de un virus que nos ha obligado a permanecer encerrados más tiempo que nunca, lo que ha servido para constatar que nuestra calidad de vida, sobre todo dentro de casa, es manifiestamente mejorable.

Reformas para ganar en comodidad, salubridad y sostenibilidad

Ello puede lograrse, fundamentalmente, a través de reformas que, en cualquier caso, conviene pensar desde la perspectiva del uso tanto a la hora de mejorar baños y cocinas como a la de llevar a cabo actuaciones integrales. Y eso significa tener en cuenta criterios ligados a la accesibilidad, ahorro energético y de agua, confort acústico, confort lumínico, seguridad, salubridad, ergonomía… Porque, en realidad, vivir en un hogar cómodo, saludable y sostenible es lo que realmente genera bienestar y mejora nuestra calidad de vida.

La calidad de las viviendas de los españoles defrauda

Sin embargo, los españoles puntúan con un 6,8 la calidad de vida en sus viviendas, según la última edición de nuestro estudio Quiero Vivir Mejor, del que también se desprende que cerca del 40% de las casas españolas no ayudan al bienestar de las personas que viven en ellas.

Son datos que deberían preocuparnos, sobre todo porque el envejecimiento de la población, los cambios sociales, la creciente implantación del teletrabajo y los nuevos usos expansivos de la vivienda harán que cada vez seamos más “indoor”.

De ahí que, en pleno siglo XXI, una sociedad realmente comprometida con la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos no puede seguir ajena a las condiciones de habitabilidad de sus viviendas. La casa no es un espacio básico de abrigo, sino un pilar fundamental del bienestar de las personas en el sentido más amplio.

Se deberían renovar las viviendas según criterios de confort y sostenibilidad

Existe una fuerte correlación entre calidad de vivienda y la calidad de vida. Y en política de vivienda urge una visión moderna que apoye y fomente la renovación de las viviendas desde criterios de confort y sostenibilidad.

En este contexto, la pandemia ha puesto de manifiesto un problema que afecta a una parte cada vez más amplia de los españoles: nuestro parque de viviendas no ha envejecido bien y no responde a las necesidades, valores, expectativas sociales y personales de bienestar.

Si bien desde los años 60 se fomentó en España la cultura de propiedad, lo cierto es que la ausencia de regulación orientada a mejorar la calidad prestacional de las viviendas construidas puede convertirse en un problema a medida que los cambios sociales se agudicen durante esta década. Y como los aspectos prestacionales asociados al confort pueden ser cuantificables y medibles, se abre ante nosotros la posibilidad de diseñar políticas que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos en sus hogares.

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