26 marzo 2020

En los últimos días, nuestro esquema de vida ha dado un giro de 180 grados. Así, mientras que antes no encontrábamos el tiempo para estar a gusto en casa y dejar que pasasen las horas, las actuales circunstancias nos han obligado a convertirla en nuestra fortaleza. Y todo porque nuestra salud es lo más importante. Pero, ahora que esa palabra nos preocupa tanto, ¿nos hemos parado a pensar en cómo de saludable está nuestro hogar?

Lo cierto es que vivimos más pendientes que nunca de nuestra salud e higiene como demuestra la cantidad de productos que compramos al respecto. Sin embargo, no terminamos de analizar el estado de nuestra casa y de valorar si está sana o no. Aunque la realidad, que es tozuda, refleja que actualmente uno de cada nueve españoles vive en un edificio con poca salubridad. Las razones son diversas, de lo más variopintas. Puede ser porque convivimos con goteras, porque tenemos una calefacción inadecuada en invierno o con temperaturas insoportablemente altas en verano…

Pese a que puedan parecer detalles sin importancia, esto hace que un 30% de los edificios modernos que nos rodean puedan causar malestar a quienes residen o trabajan en ellos, es decir, a la mayoría de la población. En este sentido, si padecemos asma, alergia o tenemos problemas respiratorios de cualquier tipo, el riesgo a que estos síntomas se agudicen es mayor si el edificio no tiene buena salud.

¿Sabes qué es el síndrome del edificio enfermo?

En 1982, la Organización Mundial de la Salud definió el Síndrome del Edificio Enfermo como el conjunto de molestias y enfermedades ocasionadas por la mala ventilación, la descompensación de temperaturas, las cargas iónicas y electromagnéticas, las partículas en suspensión, los gases y vapores de origen químico y los bioaerosoles, entre otros agentes que producen en al menos un 20% de los habitantes un conjunto de síntomas sin que sus causas estén del todo bien definidas.

De manera que para que una vivienda se considere sana tiene que reducir a límites aceptables el riesgo de que, dentro del edificio y en condiciones normales de uso, se padezcan molestias o enfermedades. Y, para ello, lo primero es conocer el nivel de salubridad del hogar, teniendo en cuenta aspectos como la protección frente a las humedades, la recogida y evacuación de residuos, la calidad del aire en el interior, así como el suministro de agua, o las instalaciones de saneamiento y fontanería o calefacción y climatización, entre otros.

La importancia de la ventilación para la salud del hogar

Un ejemplo claro es el sistema de ventilación de las casas, el pulmón de los hogares, ya que sin una buena ventilación, no dejamos respirar a nuestro hogar y, por ende, pueden deteriorarse y generar humedades que, combinadas con deficiencias en el aislamiento, podrían dar lugar a la aparición de hongos y microorganismos nocivos para nuestra salud. Sobre todo para las personas más vulnerables.

De ahí la importancia de cuidar los detalles que hacen que nuestra casa esté en buenas condiciones de salud, puesto que no hacerlo puede provocarnos malestares innecesarios y agravar cualquier síntoma que pudiéramos padecer. Porque, al fin y al cabo, cuidar nuestra vivienda es cuidar de nosotros mismos.

Sandra Barañano

Directora Técnica de Cuida Tu Casa

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