30 enero 2015

En los últimos años, las instalaciones de gas han ganado relevancia, dado su protagonismo en aspectos como el confort o el ahorro, pero también en la seguridad de la vivienda, convirtiéndose en objeto de numerosas campañas de prevención desde las Administraciones públicas.

Las catástrofes que pueden causar las explosiones de gas en las viviendas son conocidas por la mayor parte de la población, pero no lo son de igual modo sus consecuencias a menor escala: son mínimas las ocasiones en las que se habla de los perjuicios de pequeñas fugas de gas o de la mala combustión de la caldera en una vivienda, que posiblemente nunca lleguen a desencadenar explosiones, pero que pueden afectar gravemente la salud de los habitantes de la casa.

Ambos efectos, no deseados, pueden evitarse con una buena prevención y aplicando las herramientas adecuadas para su detección.

La Asociación Española del Gas, Sedigas, recuerda que el titular de la instalación, o el usuario, es el responsable de su buen funcionamiento.

 

Perjuicios para la salud

Conocidos ya los daños producidos por una explosión de gas, es conveniente profundizar en los problemas que causa la inhalación de gas, para conseguir una mayor concienciación respecto al mantenimiento y revisión de las instalaciones.

A nivel doméstico se usan hidrocarburos en forma de gas como el butano y el propano. El gas natural está compuesto de metano, propano, etano y otros hidrocarburos. En las viviendas, el escape de gas se produce generalmente desde sus lugares de almacenamiento o en las conducciones (bombonas, tuberías de gas, calderas…), provocando la intoxicación por el efecto asfixiante de estos gases.

En los casos en los que se produce una mala combustión, la posible intoxicación se produciría por monóxido de carbono (CO). Las manifestaciones clínicas generadas por gases asfixiantes, como butano o propano, se producen de forma inmediata. Los órganos más dependientes de oxígeno, como el cerebro o el corazón, son los que se afectan más rápidamente, llegando a aparecer isquemia e infarto de miocardio, afecciones en el sistema respiratorio e incluso fallo multiorgánico. Con concentraciones de oxígeno atmosférico del 6-8% se produce rápidamente inconsciencia y muerte.

 

Medidas de prevención

Entre las acciones que se pueden llevar a cabo para una correcta prevención de fugas y mala combustión de equipos es obligatorio que la compañía distribuidora del gas efectúe una inspección cada cinco años, tal como marca la legislación estatal. No obstante, esta frecuencia puede ser más restrictiva en función de la comunidad autónoma (por ejemplo, en el País Vasco se establece la obligatoriedad cada cuatro años). Aademás, cada persona que cuente con una caldera en su casa está obligada a hacer un mantenimiento anual.

Asimismo, entre las principales medidas de seguridad, es recomendable mantener regularmente una limpieza adecuada de la instalación, situar y mantener óptimos puntos de ventilación suficientes o, si se va a producir una ausencia prolongada de la vivienda, cerrar la llave general de paso del gas, entre otras acciones.

La mejor manera de proteger la vivienda de posibles fugas de gas es consultar a una empresa especializada, debidamente legalizada y autorizada, que le asesore personalmente con respecto a la instalación y que lleve a cabo el mantenimiento preventivo aconsejado.

 

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