22 diciembre 2014

Dormir bien por la noche es fundamental para sentirse como nuevo al día siguiente. Un factor fundamental para lograr descansar correctamente es disponer de un espacio apropiado para dormir pero, ¿cómo lograr un dormitorio perfecto?

 

1. La temperatura

La temperatura ambiente no debería ser muy alta: entre 18 y 22 grados. El frío o el calor excesivo pueden provocar ‘microdespertares’ que alteran el ritmo normal del sueño. No obstante, el frío siempre es más saludable que el calor.

 

2. La humedad

Lo ideal es que la humedad esté entre el 50% y 70%. Hay que evitar el ambiente seco, que reseca la boca y dificulta la respiración y, para ello, los humidificadores son un buen aliado. También es conveniente evitar las plantas en la habitación, que absorben el oxígeno y pueden provocar alergias, así como la moqueta y los tejidos sintéticos que absorben el polvo.

 

3. La ventilación

Es importante mantener una correcta renovación del aire en el dormitorio, ventilándolo a diario un mínimo de 10 minutos. Se deben evitar las corrientes de aire fuertes y directas.

 

4. Dispositivos electrónicos

Las lámparas, los cables y los enchufes cercanos a la cama pueden crear campos electromagnéticos que alteran el sueño. Lo ideal es alejar estos aparatos de la cama y, si es posible, desconectarlos antes de acostarse.

 

5. La luz

Cuanto más oscura esté la habitación para dormir, mejor. La luz artificial, sobre todo, interfiere mucho en el sueño, haciéndolo más ligero, menos profundo y que las personas se despierten con más frecuencia.

 

6. El ruido

Como es de suponer, el exceso de ruido tiene consecuencias nefastas en el sueño. Aparte de impedir conciliarlo con facilidad, afecta sobre todo a capacidad de alcanzar las fases más profundas del sueño. Instalar unas buenas ventanas nos ayudará a mantener nuestro dormitorio aislado de los ruidos.

 

7. La cama

La cama ha de ser silenciosa y rígida, pero no dura. Además, muchos expertos coinciden en que se mejora la calidad del sueño cuando el cabecero está orientado al norte y el pie de la cama al sur.

Dos elementos fundamentales de la cama para un descanso perfecto, y en los cuales realmente merece la pena invertir el dinero, son el colchón y la almohada.

El colchón debe absorber la transpiración, evitar la dispersión de calor, sostener el cuerpo de un modo correcto de manera que se adapte a la anatomía de la columna vertebral y, además, debe ser higiénico.

La almohada es fundamental para mantener la cabeza en posición natural mientras dormimos. Si se duerme sin ella, la nuca se inclina hacia atrás y las vértebras cervicales se oprimen excesivamente. Tampoco se debe dormir con una almohada demasiado gruesa ya que inclina la cabeza hacia delante y obliga a las vértebras a estirarse demasiado. Lo mejor es usar una almohada más bien baja, y no demasiado blanda, que mantenga la cabeza en línea con el cuello.

 

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