10 marzo 2014

Muchas veces, a la hora de decorar, se quedan en el olvido zonas tan concurridas e importantes como el pasillo, desaprovechando todas las posibilidades prácticas y decorativas que ésta parte de la casa brinda. El objetivo debe ser encontrar un equilibrio entre estilo y funcionalidad, sacando el máximo partido al espacio disponible siguiendo la decoración del resto de las estancias y, cómo no, unas premisas básicas.

 

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Foto: Alvhem

Como su nombre indica, se trata de una zona de paso, por lo que la transición por él deberá ser lo más cómoda posible: no se sobrecargar de muebles u objetos voluminosos que puedan impedir la libertad de movimientos. En especial, se debe evitar colocar mobiliario junto a las puertas de las habitaciones que den al pasillo, para prevenir posibles golpes.

Los tonos más adecuados para decorar el pasillo son los claros y neutros, que ayudan a reflejar la luz. El blanco y el beige son los más comunes, si bien se puede experimentar con colores fuertes y alegres, en especial si se trata de un recibidor amplio; el contraste de estos tonos con el blanco del techo proporciona un bonito contraste.

 

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Foto: Alvhem

Una iluminación correcta del pasillo permitirá ampliar o estrechar visualmente el espacio, además de favorecer el paso. A la hora de colocar los puntos de luz, se ha de tener en cuenta las dimensiones del pasillo: uno con techos bajos debe tener luz cenital, con focos en el techo o apliques en la parte superior de las paredes que llenen de luz el pasillo, mientras que aquellos con techos altos, deben iluminarse con apliques colocados a una altura inferior para evitar el efecto túnel.

La decoración de las paredes también permite redimensionar el tamaño del pasillo. Las rayas o maderas horizontales ayudan a ensanchar visualmente el espacio. Por su parte, las verticales, otorgan más largura al pasillo, haciéndolo más estrecho y con techos más altos. Si lo que se quiere es reducir la longitud del pasillo y la altura de los techos, se debe colocar un zócalo pintado o empapelado a mitad de altura de la pared, separado con una montura de madera.

 

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Foto: Alvhem

Aprovechar el espacio disponible debe ser una máxima sea cual sea el tamaño de la vivienda. Esto significa ganar zonas de almacenaje, pero también crear estancias mucho más acogedoras.

Así, si se dispone de un pasillo muy amplio se puede optar por colocar armarios empotrados, cómodas o cajoneras y hasta crear una zona de trabajo. Si, por el contrario, se trata de un pasillo estrecho, se pueden elegir piezas más discretas como percheros, zapateros, paragüeros o lámparas de pie, que dan calidez y resultan igualmente prácticas. Para los pasillos en “L” se puede colocar una butaca o sillón en la esquina, que cree una imagen confortable.

 

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Foto: Alvhem

Sea como sea el espacio, el uso de espejos es perfecto para crear sensación de amplitud. Las alfombras, que deben ocupar sólo la zona central del pasillo, inspiran hospitalidad. Por su parte, las plantas y flores, colocadas en los rincones, y los cuadros y fotografías, que cuelgan de las paredes, hacen del pasillo un lugar acogedor, familiar y, en definitiva, con mucha vida.

 

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