17 septiembre 2019

Si estás pensando en comprarte una casa, pero necesitas financiación para dar el paso, toma buena nota de los cuatro pasos que nunca deberías saltarte si quieres que el banco te conceda una hipoteca.

Pedir una hipoteca parece una tarea sencilla: al igual que sucedería con cualquier otro préstamo, debería bastar con acudir al banco, presentar cierta documentación que demuestre que eres un cliente solvente y esperar a su aprobación. Sin embargo, este tipo de productos diseñados para financiar la compra de una vivienda tienen mucha más miga. 

Si necesitas contratar una hipoteca para comprar tu futura casa, pero no tienes ni idea de por dónde empezar, en Kelisto te contamos cuáles son los cuatro pasos básicos para poder conseguirla con éxito.

1. Ahorrar

El primer paso que debes dar para conseguir una hipoteca es ahorrar. En la actualidad, prácticamente ningún banco te dará todo el dinero que necesitas para comprar la casa que te gusta: lo habitual es que se queden en un 80% de su valor de compraventa o de tasación (el menor de los dos), salvo que seas un cliente muy solvente, lo que les permitiría subir hasta el 90-95%. Por tanto, si la casa a la que has echado el ojo vale 300.000 euros, ninguna entidad te concederá más de 240.000 euros, lo que te obligaría a contar con 60.000 euros en el bolsillo. 

A esto habría que sumar una partida extra: la de los costes de formalización que tiene cualquier préstamo de este tipo. Con la nueva ley hipotecaria ha quedado totalmente claro quién tendrá que pagar los gastos de las hipotecas y se ha determinado que el consumidor tan solo tenga que pagar los costes de tasación y los de notaría, en caso de que quiera una  copia de la escritura. Por tanto, estos costes se han reducido drásticamente, pero aún así tendrás que preparar unos 400 euros extra para que un experto determine cuánto vale la casa que quieres comprar. 

2. Echar cuentas

Cuando un banco te concede una hipoteca te está prestando una gran cantidad de dinero que no devolverás hasta dentro de mucho tiempo. De ahí que las entidades quieran asegurarse de que sus clientes son lo suficientemente solventes como para poder devolver su deuda, pase lo que pase. ¿Qué significa eso? Que no querrán que la cuota de tu hipoteca represente más de un 30% del dinero que ganas cada mes. De esta forma, se evita la posibilidad de impago en caso de que sucedan cosas como: 

  • Que el euríbor suba y, con ello, se dispare la cuota de tu hipoteca
  • Que tus ingresos se reduzcan considerablemente (por ejemplo, porque te quedes en el paro) y no puedas seguir afrontando tus pagos. 

Este cálculo no solo forma parte de la política de los bancos: también debería estar grabado a fuego en tu mente si quieres evitar que el pago de tu hipoteca se convierta en un suplicio. 

El número de hipotecas constituidas sobre viviendas se situó en 30.356 el pasado mes de octubre, cifra un 20,4% superior a la del mismo mes de 2017.

3. Decidir si prefieres tipo variable o fijo

En los últimos años, las hipotecas fijas también se han convertido en una opción para todos aquellos que quieren comprar una casa. Si hace solo dos años este tipo de préstamos solo representaban el 10% del total, ahora ya suponen prácticamente la mitad mercado. ¿La razón? El bajón que han experimentado sus precios: hace solo tres años, hipotecarse a tipo fijo suponía pagar un interés de entre el 4% y el 5%. Hoy, se pueden encontrar ofertas a tipo fijo desde 1,6%, tal y como verás en nuestro ranking de las hipotecas fijas más baratas del mercado.

A la hora de decidir si prefieres una hipoteca fija o una variable, debes hacerte una primera pregunta: ¿qué riesgos puedo o quiero asumir? Las hipotecas fijas ofrecen una tranquilidad total, ya que tu cuota no cambiará a lo largo de la vida del préstamo, cosa que sí sucede con las variables, cuya mensualidad puede aumentar o disminuir al ritmo que lo haga el Euríbor. Eso sí, esa estabilidad tiene un precio, ya que, en principio, estarás pagando un interés más alto que el que abonarías con una variable. Por tanto, debes plantearte si prefieres asumir un sobrecoste a cambio de ganar en tranquilidad, o si estás dispuesto a asumir ciertos riesgos a cambio de la posibilidad de terminar pagando menos a tu banco. 

Además de hacer esta reflexión, ten en cuenta que las hipotecas fijas y las hipotecas variables tienen diferencias que van más allá del tipo de interés que aplican: por ejemplo, las hipotecas fijas cobran algunas comisiones que no están presentes en las de tipo variable y todas ellas fijan su interés en función del plazo de devolución que elija el cliente. 

4. Comparar ofertas

El último paso que deberías dar para conseguir financiación es comparar ofertas con herramientas como nuestro comparador de hipotecas fijas y nuestro comparador de hipotecas variables. Solo de esa manera podrás encontrar las que mejor se adaptan a tu perfil, cotejar el interés que aplica cada una de ellas y, sobre todo, analizar el resto de condiciones que aplican, como las  comisiones o la vinculación que exigen. 

Más allá del interés que cobre una hipoteca, las comisiones que podría cobrarte tu banco son un elemento a tener muy en cuenta, sobre todo, la de apertura (que se paga al contratar el préstamo) y las de amortización anticipada, que son las que tendrías que abonar si pagas toda (o parte de) tu deuda antes de tiempo. 

Además de esto, no debes olvidarte de analizar la vinculación de cada oferta. Salvo contadas excepciones, los bancos te exigirán que contrates con ellos varios productos extra si quieres acceder al interés más bajo de sus promociones. Ten en cuenta que muchos de los productos vinculados pueden suponerte un importante desembolso, como ocurre con los seguros de hogar o de vida, por lo que es esencial que analices si realmente te merecen la pena

Facebook Comments