12 agosto 2014

Avalar personalmente un préstamo hipotecario es un compromiso extremadamente grande a cambio de una recompensa inexistente. Antes de que la persona −muchas veces padre y madre o incluso abuelos− se plantee aceptar e ir a firmar las escrituras de un préstamo hipotecario ante notario, debería leer y entender esta la guía de iAhorro.com sobre el préstamo hipotecario, ya que le ayudará a no arriesgar más de lo que buenamente desea.

Motivos para ser avalista de una hipoteca

Lo que se suele decir para convencer de las bondades de este compromiso personal tienen que ver con lo siguiente:

1. Facilitas la concesión de la hipoteca a la persona a la que estés avalando

El primer motivo que se puede tener en cuenta es que, firmando como avalista, es posible ofrecer a los familiares o amigos más cercanos la ayuda que necesitan para conseguir un hogar. La idea es que todo el mundo tiene derecho a independizarse y, avalando, se da esta posibilidad. A fin de cuentas, al director del banco le interesa que se firme la hipoteca.

2. Motivos sentimentales

Muy relacionados con el punto anterior, están los argumentos del tipo:

  • Si has avalado a mi hermano, ¿no me avalarás a mí ahora?
  • A mis amigos sus padres los han avalado, ¿no me quieres tu igual?

Son muchas y muy variadas las conversaciones que relacionan avalar con querer. El supuesto beneficio de esta firma sería demostrar el amor que se siente por la familia o por los amigos.

3. Se relativiza el riesgo que se asume al ser el avalista hipotecario

En relación con los argumentos que apelan al sentimiento, se suele intentar convencer en base a que el riesgo es pequeño. A fin de cuentas, ¿quién piensa que sus hijos no podrán pagar una hipoteca?

Avalista hipotecario

Compromiso que se asume al avalar una hipoteca

Una vez se saben cuáles son las supuestas ventajas de avalar, que cada uno pondera como quiere, viene la otra parte de la ecuación: las desventajas o, mejor dicho, los riesgos.

El avalista responde con todo su patrimonio

Básicamente se ha de tener claro lo siguiente: avalar de forma solidaria y renunciando a los beneficios de orden, división y excusión implica que la entidad financiera puede decidir cobrar primero del avalista que ir contra el hipotecado, además de poder exigir el total de la deuda a cualquiera de los avalistas (y después ellos tendrían que intentar recobrar la parte que no les corresponde de la deuda del resto de avalistas e hipotecados).

El avalista, por tanto, responde de una deuda que no le da ningún beneficio, ya que la propiedad del bien no es suya y, además, no avala con su nómina o ingresos solamente, sino que se podrían embargar también sus propiedades. Se responde con todo el patrimonio presente y futuro del total de una deuda contraída por otros, sin tener derecho patrimonial alguno sobre el inmueble adquirido.

En caso de fallecimiento del avalista, los herederos deben seguir avalando la hipoteca

Si esto ya de por sí es un riesgo, se debe tener también en cuenta que el aval se hereda, ya que no queda extinguido por la muerte del avalista. En este sentido, si se fallece antes de que la hipoteca se haya pagado del todo, los herederos avalaran aun sin ellos quererlo.

Unas respuestas posibles, en caso de preguntas trampas sobre avalar, podrían ser:

Avalista hipotecario

Otras soluciones para reforzar la operación hipotecaria

Antes de plantearse avalar, se deberían estudiar otras alternativas para reforzar la operación hipotecaria sin comprometer todo el patrimonio presente y futuro.

Limitar la cantidad del aval

La primera posible alternativa sería la de limitar el aval a una cantidad de la deuda pendiente. A partir de que esta cantidad se haya amortizado, en la escritura debería constar claramente que se deja de ser avalista. Fórmulas del tipo «avala los primeros 50.000 euros amortizados» o «avala el primer 20 % de la deuda pendiente» se podrían utilizar.

Segunda vivienda como garantía

Otra fórmula es poner la vivienda como segunda garantía. A pesar de que la gente suele creer que es peor hipotecar la casa que avalar, es justo lo contrario: firmar como hipotecante no deudor limita la responsabilidad a la parte de nuestra vivienda hipotecada. Eso sí, limita su venta, ya que de hacerlo se debería pagar al banco la parte hipotecada correspondiente.

 

Avalar es una actividad de alto riesgo que solo tiene sentido si se conoce exactamente a qué se está uno comprometiendo y si, además, se tienen los ingresos y/o ahorro suficientes para pagar las cuotas durante algunos años si los hipotecados principales no pueden.

Artículo de Pau A. Monserrat, director editorial de iAhorro.com

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