22 febrero 2019

Que los humanos habiten en cuevas no es ninguna novedad, pero esta ciertamente se sale de lo normal. Está situada en Arkansas y, más que una casa, es una mansión en toda regla.

La compró John Hay, uno de los fundadores de una gran empresa de té e infusiones en Estados Unidos, a mediados de los años 80 con el objetivo de convertirla en un gran refugio a prueba de bombas de casi mil metros cuadrados. Para ello añadió algunas paredes de cemento, tablas de contrachapado en el suelo, cubrió el suelo con contrachapado de madera y aplicó una decena de capas de resina sobre la roca natural.

 

 

Un manantial interior y un gran acopio de comida liofilizada iban a poder mantener a cincuenta personas allí dentro durante un par de años. De hecho, llegaron a hacer un par de simulacros, pero a finales de la década decidió venderle la cueva a un tal señor Richardson.

Este, tras una inversión millonaria, reconvirtió el espacio en una gran discoteca. Pero aunque convenció a varios famosos para asistir a la inauguración, el negocio no prosperó y se la acabó revendiendo a John Hay. Desde entonces ha cambiado de manos varias veces y ahora vuelve a estar a la venta por 2,4 millones de euros.

 

 

La vivienda tiene cuatro habitaciones y cuatro baños, un gran salón central de más de 200 metros cuadrados y más de doce metros de altura. Pero lo más impresionante es, sin duda, la presencia de estalactitas a lo largo de todo el techo. Lo malo, eso sí, es que algunas de ellas gotean.

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