18 enero 2019

Nueva York acoge sin duda algunos de los edificios más caros del mundo y también las excentricidades de más de un millonario. Esta mansión une las dos cosas: un precio de venta de 50 millones de dólares (casi 44 millones de euros) y un concepto bastante peculiar. Para empezar, por la fachada: una gran superficie curvada de siete plantas de alto realizada en cristal a prueba de balas.

La idea fue un encargo del multimillonario argentino Eduardo Eukernián, y le dio forma el conocido arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. La extraña mansión se encuentra en el Upper East Side de Manhattan, una de las zonas más exclusivas de la ciudad, y desde que comenzaron las obras ha despertado un gran interés. Pero ahora que está casi terminada su propietario ha decidido ponerla a la venta.

 

Un edificio multiusos

Además de la peculiaridad de la fachada, hay otros aspectos curiosos en el edificio. De entrada, está concebido como un espacio multiusos. El sótano, con techos de más de diez metros de alto, es un espacio diáfano que podría utilizarse perfectamente como galería de arte. De hecho, según la agencia inmobiliaria, tanto las paredes como las luces de esta planta tienen la misma calidad que de museo.

Las tres primeras plantas (incluyendo la planta baja) tienen finalidad comercial o residencial, y la vivienda que había planificado el millonario como su base de operaciones en Nueva York ocupa las cuatro últimas, en una especie de gran ático de lujo.

 

 

Interiores y vistas de impresión

La parte de la vivienda incluye un enorme salón con cristaleras de suelo a techo que dan a una terraza en el corazón de la ciudad, entre Park Avenue y Lexington. El mismo estilo ha inspirado el comedor y la cocina, situados en la quinta planta. En total hay seis dormitorios y el principal cuenta además con acceso directo a un gran solarium en el tejado del edificio.

En todas las estancias llama la atención el efecto de esa fachada curvada de cristal, que además de ser a prueba de balas ofrece una gran luminosidad a todas las horas del día. El próximo propietario tendrá además la posibilidad de acabar de personalizar los acabados, porque la obra aún no está terminada.

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