17 julio 2019

Es uno de los edificios más raros del mundo y tras unos años en declive acaba de ser restaurado y puesto en alquiler para turistas. La Bloomhouse es una casa sin una sola línea recta situada a solo diez minutos del centro de Austin, la capital del estado de Texas, en Estados Unidos.

La idea surgió en los años 70, cuando dos estudiantes de arquitectura decidieron hacer algo diferente a lo que aprendían en clase. Dalton Bloom quería crear un espacio que durara toda la vida. Charles Halker quería conseguir un espacio único.

Dicen que la casa representa la interacción entre lo humano y la naturaleza, y que su forma imita los movimientos del viento y los flujos del aire. Lo cierto es que no se parece a ninguna otra y que todas las paredes de la casa presentan formas bastante sinuosas. Aquí no hay espacio para muebles rinconeros. De hecho, el mobiliario también se ha elegido teniendo en cuenta las características de la casa.

 

Foto: Top Trip Rentals

Foto: Top Trip Rentals

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Una construcción peculiar

Plasmar en unos muros la melodía de la naturaleza, tal y como lo describen los arquitectos, no fue tarea fácil, porque los métodos clásicos de construcción no servían. Primero crearon las formas básicas del edificio con barras de acero y, una vez conseguido el esqueleto de la estructura, lo cubrieron con varias capas de espuma de poliuretano. Para dar forma a este material usaron serruchos de podar.

El proceso fue totalmente manual y les llevó más de medio año. Después lo cubrieron con capas de estuco, tanto en el interior como en el exterior de la vivienda. Las obras se alargaron durante once años en total.

El resultado, según sus creadores, no es solo peculiar en cuanto al aspecto, sino que la combinación de materiales también ha resultado ser un buen aislante. La Bloomhouse ha recibido diversos premios y cuando se inauguró fue considerada como una obra maestra de la arquitectura contemporánea.

 

Foto: Top Trip Rentals

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De mano en mano

El objetivo de los arquitectos, con cierta influencia hippy, era que la Bloomhouse fuera un lugar de encuentro para muchas personas, en el que se pudiera convivir y conversar. Por eso el propio edificio incluye varias zonas con bancos para sentarse y facilitar la comunicación.

A lo largo de los años la Bloomhouse ha pasado por varias manos y también ha tenido épocas de cierto abandono. Hace algo más de un año un nuevo propietario se hizo con la casa y hace poco que acaba de restaurar la propiedad. Y para compartirla con más gente, ahora está disponible como alquiler turístico, a partir de 550 dólares por noche.

 

Foto: Top Trip Rentals

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