22 marzo 2017

Internet ayuda a los consumidores en la búsqueda de su vivienda, pero también favorece la aparición de fraudes. El más habitual, intentar alquilar una vivienda que no existe.

España es, desde hace muchos años, un país de propietarios. La idea de que alquilar es tirar el dinero ha estado y sigue estando extendida en el imaginario colectivo. Sin embargo, la crisis económica y su especial incidencia en el sector inmobiliario han provocado cambios muy importantes en el acceso a la vivienda de los ciudadanos en nuestro país.

Hay datos significativos que ponen en evidencia el notable cambio que se ha producido en el último tiempo. A finales del año pasado, según datos de Eurostat, más del 21 % de los españoles vivía de alquiler, una cifra que nos acerca cada vez más a la media de la Unión Europea, donde el 70 % de los ciudadanos vive en una vivienda en propiedad, frente al 30 % que vive de alquiler.

Este incremento del porcentaje de alquiler en España no obedece a una única razón, pero sin duda el precio de la vivienda y la dificultad de acceso al crédito en los últimos años están entre las principales.

También ha cambiado de forma importante el medio por el que se ponen en contacto inquilinos y arrendadores. La tecnología ha cambiado de forma radical hasta tal punto que hoy por hoy Internet, los portales y las plataformas especializadas son los principales medios usados por los consumidores para acceder al alquiler de una vivienda en sus distintas modalidades. A modo de ejemplo, un reciente estudio de OCU sobre el alquiler destinado a las vacaciones, de amplia tradición en España, señalaba que el 72 % de los consumidores encontró su casa a través de Internet.

La tecnología ha cambiado de forma radical y hoy Internet, los portales y las plataformas especializadas son los principales medios usados por los consumidores para acceder al alquiler de una vivienda en sus distintas modalidades.

Cómo evitar fraudes por Internet

Pero a la vez que Internet ayuda a los consumidores en su búsqueda de vivienda en alquiler, también favorece la aparición de fraudes. El más habitual es el de intentar alquilar una vivienda que no existe. También puede haber engaños al recurrir a agencias que pretenden cobrar solo por «enseñar» pisos exclusivos que luego no existen. En este sentido y para evitar sorpresas desagradables, es conveniente seguir una serie de recomendaciones que son extensibles a todos los alquileres, independientemente de que sean permanentes o de temporada.

  1. Lo primero es comparar los precios y condiciones de distintas páginas web. Los precios más bajos suelen ir ligados a una menor flexibilidad y a condiciones más reducidas, así que desconfía de precios muy baratos y anuncios sin fotos.
  2. A veces una imagen no vale más que mil palabras. Algunas fotografías no hacen justicia al alojamiento, mientras que otras lo presentan con una luz demasiado favorecedora. Lo ideal es visitar la vivienda que se quiere alquilar. Si no es posible, hay que pedir al arrendador o a la agencia un dossier fotográfico; infórmate bien de su ubicación y asegúrate del estado de conservación del mobiliario y electrodomésticos.
  3. Tarifa de la estancia, comisión de la plataforma si existe, servicios de limpieza, depósito de garantía si lo hubiera… Lo mejor para entender cuánto vamos a pagar es que el precio del alojamiento nos lo faciliten al detalle, así que intenta fijar de forma previa las condiciones de pago a la agencia (si las hubiera) y las fianzas.
  4. Aunque no hay que fiarse ciegamente ya que a veces los comentarios se manipulan, nunca está de más conocer las opiniones de otros inquilinos.
  5. Es necesario fijarse también si se está alquilando al propietario o a un intermediario. A la hora de reclamar, este dato es clave. Si es con una agencia o una empresa, el usuario estará protegido por la legislación de consumo, además de la que pueda regir al arrendamiento en sí mismo. Si es con un particular, la relación se basará en la normativa civil del alquiler, aunque, en función de la comunidad autónoma que sea, será de aplicación la normativa turística autonómica.
  6. Una vez que se ha decidido qué vivienda puede interesar, es conveniente negociar con el propietario o la inmobiliaria el precio y las condiciones. Si se alcanza un acuerdo, siempre se debe firmar un contrato (una reserva online tiene el mismo valor jurídico que un contrato tradicional).
  7. Antes de firmar el contrato o hacer la reserva, trata de contactar previamente con el anunciante o la agencia por teléfono o email, y aclarar las dudas sobre fechas, precio, condiciones de reserva, de cancelación, necesidades especiales, supermercados cercanos…
  8. Confirma el modo de pago, la entrega de llaves, la persona de contacto que te recibirá y que se ocupará de cualquier problema que surja en la estancia. Pide también un teléfono para incidencias eventuales (como una avería, por ejemplo).
  9. Trata de pagar la menor cantidad e intenta no pagar el resto hasta la llegada. Si se hace directamente a través del propietario o de la agencia inmobiliaria, es importante hacer constar en el contrato el importe de la señal. Si es a través de un portal, utilizar el medio de pago recomendado (tarjeta, Paypal, transferencia) para dejar rastro y beneficiarte de la garantía si hubiese algún problema.
  10. Si piden fianza para hacer frente a posibles daños que se pudieran ocasionar, pide que se detalle claramente el concepto, las condiciones de su aplicación y también que se prevea su devolución. En este caso, lo mejor es que entreguen un inventario en el que se detallan los muebles y el estado en el que se encuentran y que, por supuesto, lo compruebes antes de firmar el contrato.

Si finalmente hay problemas irresolubles o el consumidor sospecha haber sido víctima de una estafa, OCU recomienda acudir a la comisaría más cercana y denunciar el caso. La demanda puede conllevar, una vez finalizado el procedimiento, la imposición de una multa al estafador y el pago de una indemnización.

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