Qué tal unos cambios

Lo que en un principio nos parecía la casa ideal, puede volverse con el paso del tiempo en monótono... y qué mejor que evitarlo con una buena reforma. Pero, ¿cómo y cuándo podemos llevarla a cabo?
Eliminar muros para hacer las habitaciones más grandes, alisar paredes, cerrar la terraza o abrir puertas son algunos de los cambios que pueden hacerse en una vivienda después de ser comprada. Sin embargo, son muchos los detalles de los que tenemos que estar pendientes para que todo salga tal y como queremos y dar, así, con el hogar de nuestros sueños.
Cambios «sobre plano»
Para evitarnos más gastos y disgustos, lo más cómodo sería, en el caso de la adquisición de una vivienda en construcción, solicitar a la empresa encargada de ella los cambios deseados sobre el proyecto inicial. éstos pueden ser desde simples variaciones en la disposición de las habitaciones hasta modificaciones en los materiales señalados en la memoria de calidades.
Para asegurarnos la posibilidad de llevar a cabo estos cambios, tenemos que remitirnos al momento de la firma del contrato privado de compraventa, en el que se debe dejar claro si contamos o no con esta ventaja. Ahora bien, todas las modificaciones que desarrollemos estarán limitadas por la técnica constructiva.
En caso de que la constructora dé el visto bueno y acepte la incorporación de cambios al proyecto inicial de la vivienda, los gremios encargados de ellos (electricista, albañil...) deberán realizar un presupuesto de las obras que el comprador desee realizar y, a su vez, remitir una copia a la empresa encargada de la construcción. Por su parte, el solicitante podrá negociar con ésta un descuento del precio originario respecto a los materiales que se incorporen.
Como en todo, en este aspecto también hay que ser precavidos y tener en cuenta la posibilidad de que la constructora se desentienda de las obras y relegar la responsabilidad a los gremios correspondientes. Si esto sucede, los problemas no harían más que reproducirse si alguna de las modificaciones no es bien ejecutada.
Los primeros pasos
Pero si no hay vuelta atrás y la vivienda, sea nueva o no, ya está construida o la promotora se ha negado a realizar las modificaciones durante su construcción, el proceso es muy diferente. Antes de dar cualquier paso, deberemos tener una idea clara del proyecto que queremos llevar a cabo, de sus materiales y, cómo no, de sus costes –hay que ser realistas y no olvidarse nunca de cuánto seremos capaces de pagar. Y si echamos un vistazo a la normativa en materia de vivienda y reformas, mucho mejor; nunca está de más saber por dónde nos vamos a mover.
Una vez calculado, debemos pensar en si conviene que nosotros hagamos la reforma o encargársela a una empresa especializada. Esta segunda opción suele ser la más cómoda y rentable, ya que si nos responsabilizamos nosotros, deberemos siempre contar con una buena ayuda.
Dejémoslo en manos de expertos
Si decidimos que sean profesionales los que se encarguen de los cambios, son dos los aspectos fundamentales para que todo salga bien:
- En primer lugar, debemos acudir a varias empresas especializadas en reformas para que nos hagan un presupuesto. éste debe ser realizado por escrito y dejar claro todo lo que se va a hacer. El documento también deberá incluir el precio (señalando si está incluido el IVA), la forma de pago y la duración de las obras. No hay que olvidar que este presupuesto, en caso de que se acepte, nunca variará, a no ser que se cambien o incorporen materiales. Respecto a éstos, podemos comprarlos nosotros mismos o, incluso, la empresa encargada de la reforma.
Con todos los presupuestos que recibamos, realizaremos una selección hasta quedarnos, finalmente, con el que más se adapte a nuestras necesidades. En este sentido, es aconsejable que todos los cambios los realice una misma empresa, ya que si en cada ámbito (electricidad, albañilería...) contratamos a una, pueden generarse problemas al buscar responsables de algún fallo.
- Una vez elegido el presupuesto, deberemos remitirlo al Ayuntamiento, donde nos proporcionarán la licencia de obra, imprescindible para comenzar cualquier reforma en la casa. Esta licencia supone un incremento del 5 por ciento del presupuesto más unas tasas fijadas.
El pago
A la hora de abonar el coste de las obras, disponemos de dos opciones:
- En caso de no disponer del dinero que suponga la reforma, podemos solicitar al banco un préstamo que lo cubra. La empresa encargada lo recibirá al completo y nosotros iríamos pagando esa cantidad por cuotas al banco. En este caso, el coste de la reforma sería mayor al sumarle los intereses.
- Si no tenemos problema en pagar, es conveniente no entregar cantidades adelantadas para evitar reclamaciones en retrasos y otros problemas. Sí es posible, en cambio, hacer los pagos por tareas finalizadas: de este modo, nos aseguramos que lo que vamos pagando es lo que ya está hecho. El último pago se hará cuando la reforma esté acabada y hayamos comprobado que no existe ningún fallo.