25 noviembre 2014

Ya está aquí el frío y las calefacciones empiezan a ponerse en marcha. A estas alturas se debería tener todo listo para comenzar a calentar el hogar, sin embargo, siempre hay algún despistado que todavía no ha hecho los deberes.

La calefacción es imprescindible para lidiar con las bajas temperaturas. Sin embargo, no todas las viviendas necesitan el mismo sistema. La elección de uno u otro dependerá de la ubicación de la vivienda, la climatología y aislamiento, el tamaño y la distribución de la casa, el número de habitantes de esta…

Los tipos de calefacción se pueden dividir según la fuente de energía (biomasa, geotérmica, solar, eléctrica y gas) o según el aparato o sistema a partir del cual se obtiene el calor (suelo radiante, bomba de aire, eléctrica por acumuladores, eléctrica por convectores, emisores termoeléctricos y calderas con radiadores de agua). Estos son algunos de ellos…

 

Calefacción de gas

Es una de las fuentes de energías más empleadas en los hogares españoles. Se trata de una energía limpia, eficaz, que no contamina. Tanto para la calefacción, cocina y la producción de agua caliente se puede elegir entre 3 tipos de combustible: gas natural, gasóleo C o gas propano.

El primero, resulta perfecto porque no hay que preocuparnos por su almacenamiento ni distribución, sin embargo, su suministro no suele llegar lejos de las ciudades. El segundo, el gasóleo C, resulta algo más peligroso, ya que se debe almacenar en tanques dentro de casa; también es más contaminante y sucio, aunque es una buena elección para calentar hogares grandes. El gas propano es perfecto para casas grandes o viviendas en pequeñas poblaciones, ya que tiene una potencia calorífica superior al gas natural y similar al gasóleo; se puede almacenar en el exterior de la casa, en recipientes pequeños o en depósitos, lo que lo hace menos seguro que el gas natural.

Cualquiera de estos tres combustibles requiere el uso de radiadores, que permiten un calor homogéneo en toda la casa.

 

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Foto: Archivo

Calefacción eléctrica por acumulación

Se trata de uno de los sistemas de calefacción más habituales, debido a su instalación sencilla, su mantenimiento y seguridad. La electricidad se convierte en calor gracias a las resistencias eléctricas que hay dentro de cada calefactor eléctrico, a través de las que pasa la corriente, convirtiendo la electricidad en calor.

La calefacción eléctrica se puede encontrar en diversos sistemas, según las necesidades, pero sea cual sea el sistema, es una energía que no consume oxígeno, ni emite gases contaminantes. Tampoco necesita un mantenimiento continuo, excepto limpieza periódica del filtro de aire, aunque para su soporte es necesario contar con una instalación eléctrica apropiada.

A la hora de decantarse por este sistema se debe pensar que, aunque su instalación es mucho más barata que un sistema de calefacción a gas, ya que no se requiere de obra alguna para su colocación, la tarifa eléctrica resulta más costosa que el gas natural corriente.

La calefacción eléctrica es buena opción en regiones cálidas, en las que no se necesita mucha potencia ni tiempo para calentar la casa. También para segundas viviendas, donde el uso se limita a cortos periodos de tiempo, y en hogares pequeños, que se calientan rápidamente.

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Foto: Fagor

Calefacción eléctrica por convectores

Este tipo de calefacción funciona mediante una resistencia que calienta el aire que circula por el interior de los convectores. En este sistema, perfecto para hogares ubicados en zonas cálidas, el agua caliente se obtiene mediante un termo.

Entre sus ventajas: una instalación barata, sin obras, y un suministro cómodo del agua caliente. Sus inconvenientes: el coste de su funcionamiento suele ser caro y el termo para el agua caliente consume bastante mientras está encendido, aunque no se use.

 

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Foto: Leroy Merlin

Emisores termoeléctricos

Los emisores termoeléctricos son radiadores de aceite. Este sistema logra la transmisión de calor a través de un aceite térmico que se calienta mediante una resistencia eléctrica blindada de un acero especial.

Cada radiador es independiente y se puede enchufar en cualquier lugar sin obras, ya que no tiene ni caldera ni tuberías. Para lograr una temperatura constante y homogénea, los aparatos llevan incorporado un termostato y un programador, que ayudan a ahorrar energía.

Otra de las ventajas de este sistema es que, tras apagar los radiadores, estos siguen irradiando calor durante horas. También son más seguros que los radiadores de agua, ya que el aceite no produce ninguna presión interna. La desventaja es que, si se necesitan muchos radiadores, resulta un sistema caro y se puede necesitar contratar más potencia de luz.

 

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Foto: Archivo

Caldera con radiadores de agua

Es el sistema más utilizado en España. El calor se produce, mediante la quema de combustibles como el gas natural, en una caldera situada en un local específico y se distribuye a unos elementos terminales (radiadores) mediante el agua, emitiendo el calor a aquellos espacios que lo requieren.

La elección del agua como caloportador se debe a que es una sustancia barata, común en todas las edificaciones y su calor específico es mayor que el de otras sustancias, por lo que requiere un caudal menor para transportar la misma cantidad de calor.

Al estar la caldera situada en otro espacio, puede airearse libremente sin problemas. Esta puede servir a un solo usuario (calefacción centralizada individual), a todo un edificio (calefacción centralizada colectiva), a una barriada e incluso a una ciudad (calefacción urbana).

 

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Foto: Moris Arroes

Suelo radiante

El suelo radiante es uno de los sistemas de calefacción más confortables para los climas fríos. Consiste en una instalación cables eléctricos o tuberías por las que circula agua a temperatura elevada, ocultos bajo el suelo de la vivienda. Estos desprenden calor, que se propaga hacia arriba, calentando el suelo y el ambiente de la vivienda.

Entre las ventajas de este sistema, decir que permite ahorrar entre el 10% y el 30% el consumo de calefacción, proporciona un calor agradable y uniforme sin resecar el ambiente y permite una imagen más estética al no haber aparatos de calefacción en las paredes. Se trata de un sistema seguro, muy recomendable si hay niños en casa. La instalación aporta un aislamiento acústico y térmico adicional y necesita poco mantenimiento.

Entre sus desventajas destacan la elevada inversión inicial y las obras que comporta (debe levantarse el pavimento de la vivienda). Además, decir que hasta que alcanza la temperatura deseada tarda cierto tiempo, por lo que se recomienda para residencias habituales.

 

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Foto: Archivo

Bomba de calor

La bomba de calor permite tener calefacción en invierno y aire acondicionado en verano en un solo aparato. El proporcionar estas dos opciones en un único sistema, abarata la inversión y simplifica la instalación. La gran variedad de marcas y modelos hacen posible su instalación en distintos lugares.

Es un sistema eficiente,  ya que consume menos energía hasta alcanzar la temperatura deseada, si bien también el calor se dispersa antes. Por eso, es recomendable en climas cálidos o templados con inviernos suaves. Entre sus desventajas, el ruido del ventilador puede resultar algo molesto y el elevado precio de la instalación de la bomba de calor por conductos.

La bomba de calor requiere de pocos cuidados, excepto la limpieza periódica del filtro de aire. Cualquier modificación en la instalación debe realizarla siempre un instalador especializado, previo estudio.

 

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