4 marzo 2015

En los últimos años, el estilo nórdico se ha colado en muchos de hogares de todo el mundo. Sin embargo, este lleva siendo el más usado en Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca desde los años 30, gracias a sus características: interiores bonitos, originales, sencillos, minimalistas, acogedores, cálidos, luminosos y, sobre todo, funcionales.

El estilo escandinavo refleja las particularidades de los paisajes y la climatología de estos lugares en los materiales, las texturas, colores y objetos que decoran cada una de las estancias. La combinación de todos los elementos crea espacios limpios, ordenados y sencillos, en los que predominan la practicidad y una concepción minimalista de la estética; aprovechando todos los rincones pero evitando espacios recargados, eligiendo piezas funcionales de gran belleza. Lo moderno y lo tradicional se unen para lograr estancias funcionales y atemporales.

 

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Foto: Alvhem

Los materiales

La atemporalidad viene, en parte, de la mano de los materiales, donde la madera es la gran protagonista, aportando la calidez necesaria en los espacios fríos. Por su parte, los lacados también son fundamentales en la decoración escandinava: sus reflejos aportarán luz y amplitud.

Las maderas más utilizadas son el abedul, haya o roble, ya que aportan más calor a las estancias, y se pueden encontrar en muebles, techos, paredes, encimeras, suelos y hasta complementos. Otro aspecto destacable es el uso de los acabados envejecidos en muchas superficies de madera, lo que le da un toque más acogedor.

Además de la madera, hay otras texturas naturales como la piedra que, en este estilo, también adquieren especial importancia.

 

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Foto: Alvhem

Las líneas

El diseño nórdico se caracteriza por su sencillez y claridad. Por eso, los diseños de sus muebles y complementos se componen de líneas rectas y curvadas, combinadas, cuyo objetivo final es la simplicidad de las piezas.

Diseños suaves, sobrios, orgánicos, minimalistas y funcionales, que permiten combinar distintos tipos de mobiliario sin desentonar. Una mezcla muy frecuente es la de contemporáneo y vintage.

 

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Foto: Alvhem

Los colores

Como no podría ser de otra manera, los tonos neutros inundan todos y cada uno de los rincones de la casa: paredes, techos y hasta suelos, pasando por el mobiliario. Blancos, beiges, grises, cremas y maderas claras llenan de luz el espacio, ampliándolo.

Estos colores neutros, en especial el blanco, denotan una sensación acogedora, reconfortante, relajante y cálida, perfecta para lugares fríos y con poca luz. Además, resultan fácilmente combinables con otros colores como amarillos, verdes, azules, violetas o rojos, que se pueden encontrar en textiles y otros elementos decorativos, aportando el toque de color que alegra y personaliza las estancias.

 

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Foto: Alvhem

Los textiles

Estos tienen una funcionalidad importante dentro de éste estilo porque, además de vestir suelos, paredes, ventanas, camas o mesas, son los elementos que aportan el color y la textura a la estancia, destacando por encima de los neutros que invaden la estancia.

Los tejidos más utilizados son el algodón, la lana y el lino. Estampados geométricos, a rayas, cuadros y florales, siempre, sobre fondos neutros. El caso es vestir la casa, personalizarla, darle calidez y dotarla de esa sensación acogedora que tanto gusta.

 

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Foto: Alvhem

Otros complementos

Junto a los textiles, se encuentran otros elementos decorativos que, si bien no son exclusivos de estilo, a menudo se repiten en la decoración escandinava. Se trata de los cuadros, normalmente fotografías o ilustraciones, que invaden las paredes blancas, dando color a la estancia. Otros, como los espejos, las velas y las plantas, además de dar color, ayudan a conseguir un ambiente cálido y acogedor.

Unos materiales muy utilizados para la fabricación de complementos decorativos son el vidrio y la cerámica, siguiendo con esa filosofía de sencillez y claridad.

 

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