22 Marzo 2017

Una nueva tecnología cada vez más veloz, el acceso a internet y el uso del smartphone como el dispositivo personal más utilizado, ayudan al florecimiento de un nuevo ciudadano empoderado y conectado.

La economía colaborativa como concepto es tan antigua como el compartir, intercambiar o alquilar. La crisis económica y de valores, la necesidad de volver a disfrutar de comunidades de confianza, frente al individualismo predominante de la última década y el aumento de la preocupación por el medio ambiente, ha provocado el resurgir de este modelo, que gracias a la tecnología e internet, ha pasado de ser algo que se hacía entre amigos, vecinos y familiares a producirse entre comunidades de personas alrededor del mundo.

La economía colaborativa la definimos como un modelo económico, basado en comunidades de personas que, organizadas alrededor de una plataforma, pueden obtener lo que necesitan las unas de las otras con intercambio de dinero o sin él.

La plataforma es una mera herramienta donde los usuarios pueden producir valor: unos ofrecen y otros consumen. La oferta y la demanda se encuentran dentro de la plataforma y a través de unos sistemas donde se valoran productos, servicios y/o perfiles se genera la suficiente confianza como para que las transacciones sean posibles.

Productor (la persona que pone el valor dentro de la plataforma) y consumidor adquieren reputación. Cuanta más reputación tienes dentro de la comunidad, más puedes pedir por tus productos o servicios.

Algunos datos económicos

Este modelo económico, que como tal tiene unas características concretas, sigue impactando sector tras sector a cada paso que da, habiendo facilitado transacciones por valor de 28.000 M€ en el 2015, de los cuáles el 85% ha sido captado por los usuarios que ejercen la actividad dentro de la plataforma, un 6% de la población, es decir, casi 3M de personas en España.

Según un estudio de PWC, el Turismo y la Movilidad son actualmente sectores ya maduros, especialmente el alojamiento y la compartición de trayectos, con un valor en el mercado de 15.100M€ y 5.100M€ respectivamente, con plataformas como Airbnb o Blablacar a la cabeza y son los servicios a las personas y en el hogar, los que tienen mayor potencial de crecimiento.

Estas plataformas han generado una disrupción sin igual cambiando hábitos de consumo y de comportamiento en sus usuarios. Cambios que están calando de tal manera en la sociedad que nada ni nadie volverá a ser, consumir y producir igual.

Una nueva tecnología cada vez más veloz, el acceso a internet y el uso del smartphone como el dispositivo personal más utilizado, ayudan al florecimiento de un nuevo ciudadano empoderado y conectado.

El ciudadano productor de valor

Por un lado nos encontramos ante una nueva figura, la del ciudadano productor de valor, que se da cuenta, de que a través de sus conocimientos, habilidades, tiempo y propiedades puede generar diferentes fuentes de ingresos por diferentes vías.

Y esto, tiene mucho que ver con el futuro del trabajo, ya que la relación que todos conocemos de empresa contrata empleado empieza a difuminarse debido a la automatización, la falta de generación de empleo y el aumento, por consiguiente, de emprendedores y freelances que eligen esta vía como forma de desarrollo profesional y personal.

Por otro lado, nos encontramos ante un nuevo consumidor que confía más en lo que le dicen personas que no conoce de nada, que lo que explican las propias marcas sobre sus productos y servicios, un nuevo consumidor que busca un propósito detrás de las marcas que consume y que quiere más participación en todos los ámbitos.

Un consumidor que, buscando vivir experiencias reales que le contacten con lo local, ha encontrado una forma distinta de acceder a una vivienda, como es el caso del homesharing, hogar compartido, y el intercambio de casa, un modelo de alojamiento que le permite tener esas experiencias.

El homesharing

El homesharing, definido como el alquiler temporal de tu lugar de residencia habitual, de una habitación o del piso/apartamento entero, ha permitido que muchas personas hayan encontrado en este nuevo modelo una forma de ganarse un dinero extra que le ayude a hacer frente a sus gastos mensuales a través de la compartición de los mismos.

Sólo Airbnb tiene una oferta de más de 2M de propiedades en 192 países y 33.000 ciudades y tuvo en 2015 más de 80M de reservas por noche.

Además de Airbnb existen otras plataformas en el mundo como Homeaway, Tujia en China, Kid&Coe destinado a familias con hijos o Behom para diseñadores y arquitectos. También las hay sin transacción económica de por medio, como Couchsurfing.

El homesharing ha permitido que muchas personas hayan encontrado en este nuevo modelo una for- ma de ganarse un dinero extra que le ayude a hacer frente a sus gastos mensuales

Existen opciones distintas de intercambio de casas (homesharing) con ejemplos como Homechange.com, una plataforma que a través de un pago anual permite hacer intercambios de casa con cualquier miembro de la comunidad en un total de 150 países. O plataformas como Guesttoghest, con la que adquieres una serie de puntos cuando personas se alojan en tu casa para poder utilizarlos en la misma red.

Algunas voces críticas y legislación

Voces más críticas tachan a este modelo como el causante de la subida del precio de alquiler y de la gentrificación. Lo cierto es que diversos estudios apuntan a que son varias las causas y no una sola. El flujo de personas hacia las ciudades, el aumento de trabajadores que van a centros urbanos a trabajar e inversores extranjeros y, por supuesto, el incremento de turistas son algunas de esas causas. En todo caso debemos seguir trabajando para potenciar el desarrollo económico y de innovación que supone y minimizar las externalidades.

En cuanto a la legislación, el panorama en España es complejo teniendo en cuenta que la regulación correspondiente al alquiler vacacional está delegada a las 17 comunidades autónomas tras la reforma en 2013 de la Ley 29/1994 de Arrendamientos Urbanos. En Londres cualquiera puede alquilar su alojamiento con un máximo de 90 días, en París 140 días y en Amsterdam 60 días, teniendo la autorización del propietario. En Berlín en cambio está completamente prohibido, mientras que en Hamburgo es totalmente legal alquilar una habitación o toda la casa cuando se trata de una primera residencia.

Nuevas tendencias

Otros modelos referidos al alojamiento son el co-living y del co-housing. En el caso del primero son espacios dedicados al trabajo, tipo coworking, pero que además disponen de habitaciones privadas y zonas comunes respondiendo a la necesidad de personas que viajan y buscan un alojamiento donde quedarse mientras disfrutan de la ciudad y de su comunidad.

En el caso del co-housing es un tipo de comunidad que comparte intereses, formada por viviendas privadas y generosos servicios comunes.

Son tendencias que corresponden a la esencia de este movimiento que representa un cambio sistémico en la concepción de la propiedad, ya que en este nuevo paradigma, los usuarios prefieren el acceso versus a la propiedad, compartir en vez de acumular y pertenecer a una comunidad como receta en contra del individualismo predominante de la última década.

Facebook Comments